El candidato a la Presidencia de la República por el PLC, ingeniero Enrique Bolaños, se decidió por fin, el jueves de esta semana, a marcar una clara distancia con la forma en que ha gobernado el actual Presidente de la República, doctor Arnoldo Alemán, al anunciar que si resultara electo aplicaría medidas drásticas contra la corrupción, y que castigaría los abusos cometidos durante los gobiernos anteriores, incluido el actual.
Durante su comparecencia pública del jueves, Bolaños se hizo acompañar del Dr. Oscar Herdocia Lacayo, y anunció que de ganar la Presidencia de la República lo nombraría Procurador General de la República. Dado el prestigio profesional y ético del Dr. Herdocia, es evidente que con ese anuncio Bolaños quiso demostrar que es serio su compromiso de combatir la corrupción desde la Presidencia de la República. Inclusive Bolaños pidió a Herdocia que “se prepare de antemano para hacer las investigaciones necesarias que permitan dilucidar claramente la culpabilidad, y llevar a los Tribunales de Justicia a quienes al amparo de su condición de funcionarios públicos cometieron actos de corrupción, de enriquecimiento ilícito y de violaciones a los Derechos Humanos, sin importar su afiliación política”. Y también le pidió investigar y llevar a los Tribunales de Justicia a los culpables de la quiebra del Interbank, Banic, Banco Nacional de Desarrollo, y de otros bancos. “En mi gobierno nadie estará por encima de la Ley: ni Enrique Bolaños, ni José Rizo, ni Arnoldo Alemán, ni Daniel Ortega, ni Agustín Jarquín, ni nadie”, aseguró el candidato liberal, quien también se comprometió a promover una nueva ley para modificar la inmunidad de los funcionarios públicos —que en la práctica es más bien impunidad—, y poder enjuiciarlos en caso de que cometan actos de corrupción y cualquier clase de abusos.
No es posible medir el impacto que causó el discurso de Bolaños entre la población, particularmente entre los indecisos y quienes consideran que aunque él sea una persona honrada, no podría sacudirse la influencia negativa del grupo político del presidente Alemán, y su mala reputación de corrupto.
Ahora bien, dejando a un lado la retórica de don Enrique, que es propia de todos los candidatos a ocupar los cargos de elección popular, ¿podría en realidad lograr lo que dice que se ha propuesto, en caso de llegar a la Presidencia de la República? Hay que recordar que en el caso de que Bolaños triunfara en las elecciones del 4 de noviembre, las dos figuras públicas que con más ardor desearían muchos nicaragüenses ver sentadas frente a los Tribunales de Justicia
—Arnoldo Alemán y Daniel Ortega— estarían protegidos por la inmunidad que les concedería su calidad de diputados ante la Asamblea Nacional, y sería ilógico esperar que estos señores aceptaran reformas a leyes que luego podrían perjudicarlos. Para que iniciativas de reformas de esa naturaleza pudieran pasar en el cuerpo legislativo, sería necesario que se diera primero una especie de rebelión de los diputados contra sus líderes, lo cual, si teóricamente es posible, en la práctica es muy improbable que ocurra, porque, como es sabido, los diputados que estarán en la Asamblea en el próximo período, fueron nombrados por Alemán y Ortega en función de su grado de fidelidad hacia ellos.
Por otra parte, tiene absoluta razón el candidato Bolaños al decir que la corrupción, la perversión en el uso del poder y el caudillismo son los tres grandes vicios de nuestra cultura política y social, que hay que erradicar. Pero aunque bajo el próximo gobierno se dictara una ley contra el enriquecimiento ilícito al amparo del poder, quienes se enriquecieron de esa manera durante los gobiernos anteriores no podrían ser enjuiciados porque ahora no existe ese delito y no se puede legislar de manera retroactiva.
Es posible que si Bolaños resultara electo haría lo posible por erradicar la corrupción, y hay que reconocerle, además, su valentía de hablar claramente inclusive en contra —aunque sin mencionarlo— del mismo jefe de su partido y actual Presidente de la República. Pero la prueba de cuán cierto es el compromiso de Bolaños de luchar contra la corrupción sólo podría verse si logra ganar las elecciones.