Una foto que pertenece a la historia. El presidente de Rusia, Boris Yeltsin, subido a un tanque frente al Parlamento, lee un discurso contra los cabezas duras que tomaron el poder en Moscú el 19 de agosto de 1991 e hicieron rehén a Gorbachov. Dos días después el golpe fracasa y los responsables son arrestados. Cuatro meses más tarde, la URSS es disuelta. LA PRENSA/AP.

A diez años del final de la Guerra Fría

La confrontación mundial entre Estados Unidos y Occidente, de un lado, con la Unión Soviética y el Este, del otro, acabó en 1991 con la desaparición de la URSS y el bloque oriental Robert H. Reid (AP) – I de 2 entregas- NUEVA YORK.- Las ruedas de la historia giraron un candente día de junio […]

  • La confrontación mundial entre Estados Unidos y
    Occidente, de un lado, con la Unión Soviética y el Este, del otro, acabó en 1991 con la desaparición de la URSS y el bloque oriental

Robert H. Reid (AP)

– I de 2 entregas- NUEVA YORK.- Las ruedas de la historia giraron un candente día de junio de 1979 delante de miles de personas reunidas en un prado en Polonia donde el Papa Juan Pablo II celebraba misa en su patria comunista.

Las palabras del primer Pontífice que visitaba un país del bloque soviético resonaron en una Europa dividida en bloques militares hostiles y sistemas sociales enfrentados:

“¿No es la voluntad de Cristo que este Papa polaco, este Papa eslavo manifieste en este preciso momento la unidad espiritual de la Europa cristiana?’’.

El gobierno comunista polaco pareció prestarle escasa atención.

Después de todo fue José Stalin, el dictador soviético, quien preguntó una vez con desdén: “¿Cuántas divisiones tiene el Papa?’’

Sin embargo, doce años después de esa misa al aire libre en Gniezno, Polonia occidental, el imperio soviético se derrumbó.

Un sistema que había llegado a gobernar a casi la mitad de la humanidad había sufrido un golpe mortal. En los países donde sobrevive —China, Vietnam, Laos, Corea del Norte y Cuba— lo erosionan el capitalismo y la globalización.

Pasemos ahora rápidamente al nuevo milenio y a Bucarest. Los grandes edificios de apartamentos aún subsisten, mudo testimonio de la uniformidad gris del comunismo. Pero en el muro lateral de un edificio sonríe el retrato de J.R. Ewing, el petrolero villano de la serie “Dallas”, en la publicidad de una compañía de gasolina rusa.

Han pasado diez años desde el 19 de agosto de 1991, cuando Boris Yeltsin alzó su voluminoso cuerpo sobre un tanque, enfrentó un intento de golpe por comunistas acérrimos y dio al mundo una imagen que definió el fin de una era. La siguiente Navidad, la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas se disolvió y las 15 repúblicas iniciaron sus trayectorias independientes.

Los años 90 vieron el paso de Nelson Mandela de la cárcel a la presidencia de Sudáfrica; la reunificación de Alemania; la aparición de bolsas de valores en China comunista; el apretón de manos de Yitzhak Rabin con Yaser Arafat, todos hechos inimaginables en la época en que las dos superpotencias sometían el destino del mundo a su juego de ajedrez global.

Es verdad que el mundo dista de ser un lugar seguro, y la historia no se detuvo con la caída de la Unión Soviética.

Conflictos étnicos en los Balcanes y el Cáucaso, guerras en África, divisiones en Corea y el avance del fundamentalismo islámico amenazan la paz mundial.

Pero el espectro de la humanidad incinerada en un gran enfrentamiento nuclear parece un recuerdo remoto.

Hace no mucho tiempo la situación era distinta. “La historia está de nuestra parte”, dijo el líder soviético Nikita Kruschov a los diplomáticos occidentales en 1956. “Los enterraremos a todos ustedes”.

En esa época Moscú estaba eufórico, y Occidente bregaba por resistir lo que los comunistas llamaban la marea de la historia.

El comunismo se extendía de China a África, al corazón de Europa Central y a Cuba, en el mismo umbral de Estados Unidos.

De Grecia a Malasia y Centroamérica se producían insurgencias de izquierda. Fuertes partidos comunistas obtenían millones de votos en Italia y Francia. Las tropas norteamericanas y comunistas llegaron a un estancamiento en Corea del Sur, y los Estados Unidos sufrieron su primera derrota militar en Vietnam.

LOS ABSURDOS DEL SOCIALISMO REAL

Pero en el apogeo del poder soviético, sus propias contradicciones salían a la luz. Si el comunismo era inevitable, ¿por qué los gobiernos comunistas recurrían a la violencia para conservar el poder, como hicieron en Alemania Oriental en 1953, Hungría en 1956 y Checoslovaquia en 1968? ¿Por qué encarcelaban o expulsaban a los disidentes?

MARXISMO FASCINO A INTELECTUALES

– Para Karl Marx, el padre del comunismo en el siglo XIX, la historia era una marcha inexorable del feudalismo a la monarquía, al capitalismo y finalmente a un sistema en el cual los trabajadores controlarían los bienes producidos que serían distribuidos “a cada cual según sus necesidades”.

– Esas ideas prendieron en los intelectuales de Gran Bretaña, Alemania, Francia e incluso de Estados Unidos.

– El periodista norteamericano Lincoln Steffens visitó la Unión Soviética en 1919, dos años después de la conquista del poder por los comunistas de Lenin, y declaró: “He visto el futuro y funciona”.

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