El discurso que pronunció hace unos meses el embajador Lino Gutiérrez, Subsecretario de Estado Adjunto para Asuntos Hemisféricos de los Estados Unidos, durante un almuerzo organizado por la Cámara de Comercio Americana-Nicaragüense, fue repudiado como “intervencionista”, “abusivo” e “imperialista” por muchos columnistas sandinistas y en los medios de comunicación que son propiedad o que simpatizan con el FSLN. Sin embargo, el Frente Sandinista, como partido, fue cauto y reservado en su crítica al citado discurso.
La cautela mostrada por el FSLN, no obstante, no significa que los sandinistas hayan ignorado el contenido del mensaje o que no se hubieran sentido preocupados por el mismo. Prueba de lo anterior es la serie de visitas que miembros de ese partido iniciaron a Washington desde el mes pasado, con el claro propósito de tratar de “convencer” a la Administración Bush y al Congreso de ese país de que si el Frente Sandinista ganara las elecciones de noviembre próximo, ese partido ya no sería enemigo de los Estados Unidos ni una amenaza para la paz regional, a como lo fue mientras gobernó Nicaragua durante la década de los ochenta. Con ese propósito visitó la capital estadounidense Bayardo Arce, quien se hizo acompañar del dirigente socialcristiano Agustín Jarquín, candidato a vicepresidente por el FSLN, y esta semana lo hizo el empresario Samuel Santos, quien es el encargado de relaciones internacionales de esa agrupación política.
Se recordará que cuando fue gobierno, el Frente Sandinista —en cuyo himno se califica a Estados Unidos como “enemigo de la humanidad”— se labró la antipatía de Washington al hacer que Nicaragua tomara parte activa en la Guerra Fría a favor de Moscú y de La Habana. Pero ahora los sandinistas buscan el favor de Washington, al menos mientras dura el período electoral, y los esfuerzos que están haciendo para lograr ese favor no se limita a las visitas antes mencionadas, sino que también logran que algunos medios de comunicación de prestigio internacional y de alta circulación les echen una mano publicando artículos en los que sus líderes se presentan como algo diferente a lo que fueron antes.
Es el caso, por ejemplo, de un amplio reportaje que publicó la semana pasada la revista Newsweek, asociada con el conglomerado noticioso del Washington Post. La versión internacional de esa publicación tiene en la portada una foto de Daniel Ortega y lleva como título “El renacer de Daniel Ortega”.
Pero es improbable que las declaraciones de Ortega a Newsweek le hubieran ayudado a lograr que Washington vea con mejores ojos al FSLN. En realidad, a juzgar por algunas de las declaraciones de Ortega éste no logró tal propósito. Es obvio que frases como: “Nosotros no hemos renunciado a nuestros ideales… Nosotros seguimos defendiendo los ideales socialistas…”; o como: “En 1990 tuvimos elecciones, las cuales no fueron libres porque los Estados Unidos chantajearon a la gente…” no pueden ayudar a que Washington cambie su parecer respecto al FSLN. Como tampoco puede contribuir a ese propósito la opinión que Ortega expresó sobre Fidel Castro: “Lo considero una luz, una fuerza más allá del hemisferio… [que] ha hecho grandes contribuciones a los países en vías de desarrollo.”
En la entrevista de Newsweek —que sin lugar a dudas logra presentar al candidato del FSLN como un extraño caso de renacimiento político— Ortega dijo, además, que “Yo no me considero un político. Siempre me he considerado un poeta.” Esa frase, perfectamente calibrada para provocar reacciones emocionales entre los lectores, es muy improbable que logre impresionar a los experimentados miembros del Departamento de Estado o del Consejo de Seguridad Nacional que conocen la trayectoria del líder sandinista. Tal como lo señaló el embajador Lino Gutiérrez en el discurso que pronunció en el almuerzo de Amcham, en abierta alusión a Ortega, “Si esos que ahora se autollaman demócratas en realidad lo fueran, ya habrían regresado a sus legítimos dueños las propiedades ilegalmente confiscadas.”
Es más que evidente el apuro que sienten los dirigentes sandinistas de convencer a Washington de que han cambiado. Pero con declaraciones como las que le dio Daniel Ortega a Newsweek no parece probable que la opinión de Washington haya cambiado en absoluto.