José Luis Medal
Por razones tácticas y de correla ción de fuerzas —después del derrumbe del bloque del Este y dada la necesidad del financiamiento de los organismos internacionales—, el sandinismo acepta hoy, aunque a regañadientes, a la economía de mercado. Está bien, esa conversión táctica hacia el mercado y hacia las reformas estructurales neo-liberales. El problema sin embargo, es que la contradicción entre la visión o paradigma ideológico y las estrategias o tácticas del sandinismo, ya le costó a Nicaragua, en los ochenta, un gravísimo retroceso económico y social, y nadie sabe a ciencia cierta, qué costos implicará para el futuro —esa contradicción entre visión y estrategia—, en caso de que gane el FSLN, las próximas elecciones.
Nadie discute que la visión o paradigma ideológico del sandinismo, en los ochenta, se basaba en el modelo cubano, de economía centralmente planificada y propiedad estatal sobre los medios de producción. Sin embargo, la afirmación de Ortega y Gasset, de “Yo soy yo y mis circunstancias”, se aplicó en cierta medida al FSLN. La correlación de fuerzas, internas y externas, le impidió implementar su modelo estratégico, de economía socialista y se optó por razones tácticas por un modelo denominado de economía mixta. No pudo implementarse el modelo cubano, de estatización plena. No se renunció sin embargo al paradigma ideológico. Se consideró que la nacionalización de la banca y del comercio exterior, el control del comercio interno, y la priorización de lo que se denominó Área de Empresas Propiedad del Pueblo (APP), sentaría las bases para una economía socialista, proyecto que se realizaría plenamente, cuando cambiaran las circunstancias.
El FSLN retrocedió varias veces, obligado por la correlación de fuerzas. Como señalaron varios ideólogos sandinistas, en 1984-85, se produjo un giro radical en el proceso de reforma agraria, y como táctica antiinsurgente —ante el apoyo del campesinado a la Resistencia—, se inició un proceso de distribución masiva de tierras a campesinos, lo que se consideraba contrario al proyecto ideológico estratégico, ya que la entrega individual de tierras podría retrasar la colectivización. Otro retroceso ideológico tuvo lugar en 1988. La hiperinflación provocada por las políticas macroeconómicas populistas, obligó en ese año a una conversión monetaria —la llamada “Operación Berta”—, y a la implementación de políticas macroeconómicas fondomonetaristas, pero sin los recursos del FMI. Ya en ese entonces, la desaparecida Unión Soviética comenzó a hacer evidente, que no deseaba o podía continuar financiando, a países, socialistas parasitarios. La correlación de fuerzas también obligó al FSLN a disputarse el poder en una elección, lo que también se consideraba contrario al paradigma ideológico. Lo que importa aquí destacar, es que esos “retrocesos ideológicos“ del FSLN tuvieron lugar hasta después que el país había pagado un enorme costo económico y social.
Con el derrumbe del bloque del Este, las circunstancias han cambiado. Ya no existe un bloque socialista que financie un proyecto estatizante. La necesidad de financiamiento de la cooperación internacional, hace que el margen de maniobra de las políticas económicas sea reducido. En caso de ganar el poder, el FSLN tendría necesariamente que seguir con las políticas neo-liberales sugeridas por los organismos internacionales, aunque intentaría introducir algunos elementos de “populismo moderado”. Subsiste, sin embargo, la contradicción entre el paradigma ideológico y las políticas económicas posibles de implementar, y nadie sabe cuáles serían los costos futuros de esa contradicción entre ideología y realidad. Y cabe recordar, que si otros partidos de origen marxista, como el Partido Socialista Obrero Español, el Partido Socialista Francés, o el Partido Laborista Inglés, han renunciado, desde hace rato, al radicalismo ideológico, ello no ha ocurrido con el FSLN. Este partido, hasta donde se sabe, no ha renunciado a su vieja visión ideológica.
El problema de un triunfo del FSLN, no se limita, a que por la desconfianza de los inversionistas, se profundizaría la recesión económica. En realidad nadie sabe a ciencia cierta hasta qué punto sería moderado el nuevo “populismo moderado” que ahora pregona el FSLN. Si la contradicción entre la visión ideológica y la realidad objetiva fue altamente costosa en los ochenta, nadie puede predecir las implicancias de esta contradicción que persiste, para los nuevos tiempos. Y ya que nadie puede predecir a ciencia cierta cuáles serían los costos que tendría para la población un triunfo del FSLN —y dada la alternativa democrática del voto cruzado, que existe para las próximas elecciones—, lo mejor para los votantes, es no averiguarlo.
El autor es economista