Josefina [email protected]
Se me ha hecho difícil escribir porque no hay nada nuevo que decir; es como si los nicaragüenses estuviésemos condenados a vivir del eterno retorno. El camino hacia la democracia se recorre lentamente, pero nunca dando dos pasos hacia atrás y uno adelante, como lo estamos haciendo, y esta “operación cangrejo” se confirma con sólo hacer un análisis somero de la oferta política de las próximas elecciones para descubrir las tenebrosas y escuálidas posibilidades de progreso que nos esperan en nuestro futuro inmediato.
Sobra decir que las condiciones de zozobra y autodestrucción que hoy vivimos los nicaragüenses se las debemos a las efectivísimas “obras y no palabras” de este gobierno dictatorial, falso y corrupto, aliado con otra facción política de las mismas cualidades. Las consecuencias de esta perversión las vemos reflejadas en cuatro de las cinco opciones electorales para el próximo cuatro de noviembre.
La peor de las opciones sería que el Frente Sandinista ganara el Poder Ejecutivo y la Asamblea. Independientemente de que ya no constituyese un régimen de corte marxista, tendríamos que afrontar un triste retorno al pasado con el empoderamiento de las turbas y una serie de nuevas figuras para disfrazar los viejos vicios, como por ejemplo, decir que no habrá más confiscaciones, pero sí se podrían declarar de “beneficio social” propiedades que pertenecen a personas no afines a ese partido. Volveríamos a ser santuario de los terroristas internacionales; asistiríamos al resurgimiento de la “iglesia popular”; al irrespeto de la jerarquía; a los ministerios nuevamente cundidos de funcionarios en jeans y cotona; a la correspondencia oficial en la cual el escudo de Nicaragua sería sustituido por “patria libre o morir” y el encabezado con un vulgar “compañera”, etc… Sin mencionar el despido de todo lo que huela a liberal para sustituirlo por sandinista. ¡Dios nos ampare, sería como empezar de nuevo!
La segunda peor opción: si ganara la fórmula Bolaños/Rizo con una mayoría del PLC en la Asamblea. Sería catastrófico también porque –si ahora que están en campaña– es un secreto a voces que el partido tiene a los candidatos a mecate corto, una vez con mayoría en la Asamblea los reducirían a su mínima expresión. Alemán y su pandilla mantendrían al país de rodillas, sometido a sus megacaprichos, y, por supuesto, seguirían los meganegocios con los megacompinches, los megaviajes y los megatodo. Además, para no ser molestados se mantendría vivo el pacto con los sandinistas, y estaría latente la posibilidad de que se llamara a una constituyente para que siguiera mandando por dos años más, acomodarse la Constitución y luego lanzarse para un siguiente período. ¡La Virgen Santísima nos proteja!
La tercera peor opción sería que el Ejecutivo fuese ganado por el Frente Sandinista con mayoría de escaños del PLC. Ésta sería una batalla mortal. Tendríamos a las turbas diariamente frente a la Asamblea Nacional gritando improperios contra los diputados y a la bancada del PLC chantajeando al Frente con iniciativas de ley que posteriormente serían vetadas por el Ejecutivo, negociaciones para la aprobación del presupuesto y la paralización de todas las instituciones del Estado en las cuales los liberales tienen mayoría. Habría un estancamiento fatal para el país.
La cuarta peor opción, que el PLC ganara la presidencia y que el FSLN tuviera mayoría en la Asamblea. Sabida la antipatía que existe entre el Ing. Bolaños y los sandinistas, los legisladores se dedicarían a bloquear todo lo que concerniera al Ejecutivo, comenzando por la aprobación del presupuesto, interpelación de ministros, etc. Además, al igual que en el caso anterior, se estancaría todo nombramiento, y cada vez que se vetara una ley las turbas se darían gusto parqueadas frente a la Casa Presidencial.
Visto que los conservadores no parecen tener interés en el Ejecutivo, la quinta opción sería aquella en la que los verdes ganaran suficientes escaños en la Asamblea para equilibrar el poder y así neutralizar el pacto. Ésta sería la única forma de evitar que algunas de las tres bancadas tuviera mayoría, y probablemente se legislaría a favor de los intereses del pueblo y no de intereses partidarios como hasta ahora. Tanto el PLC como el FSLN tendrían que balancear sus proyectos para obtener los votos en la Asamblea; y, de ganar el binomio Bolaños/Rizo, una fuerte y honesta bancada verde sería la mejor aliada de la fórmula liberal.
Curiosamente, muchos de los que hoy impulsan con más vehemencia esta última opción, son quienes al inicio se rasgaron las vestiduras con las candidaturas de Vidaurre y Alvarado, y querían a toda costa una alianza con el PLC para no dividir el “voto democrático”. Ahora, todos estos genios, gracias al coraje de muchos valientes, se pueden llenar la boca haciendo proselitismo a favor de la única opción capaz de salvar a Nicaragua del caos.