Lo que todos sabíamos

Sergio [email protected]

Desde el inicio, eventualmente y de alguna manera, se esperaba la debacle conservadora. Y era sencillo: los actores políticos carecían de la visión y madurez indispensables para impulsar con éxito una auténtica Tercera Vía en Nicaragua, y francamente han quedado muy mal. Queda demostrado lo que la mayoría de observadores independientes han sabido: los intentos de conformación de esta alternativa fueron sumamente tardíos, sin la coherencia y solidez requeridas, indicando desde entonces sus propias limitaciones y la aguda crisis de liderazgo que marcó al PC con un signo fatal. Lo que ha sucedido, a fin de cuentas, no sorprende. Lo sorprendente es que se haya demorado tanto.

Don Enrique Bolaños, sin duda alguna, supone obtener el mayor beneficio. Es previsible que los simpatizantes conservadores, luego de asimilar la decepción y frustración del momento, primeros productos de esta difícil situación partidaria, prontamente concluirán que ante la posibilidad de retorno de don Daniel Ortega, lo más sabio será otorgar el voto a don Enrique, que ha sabido manejar muy bien sus raíces conservadoras, mostrando por las bases del PC el respeto que lo debe continuar caracterizando. Sin embargo, aunque seguramente podrá contar desde ahora con el voto conservador, se observa la tendencia a favorecer el voto cruzado con los candidatos para diputados, supuestamente para otorgarle a don Enrique mayor independencia del PLC y romper el vergonzoso pacto en la Asamblea Nacional. Esta apreciación toma ahora, públicamente y ante diferentes estratos, una fuerza impresionante.

El FSLN, en medio de banderas y música partidaria, sabe que ha recibido un golpe grave y quizás mortal. La reacción y la adaptación de su estrategia general a esta nueva situación es algo que habrá que observar, aunque el acostumbrado maquillaje ante la opinión pública será minimizar su impacto y continuar celebrando anticipadamente una imaginaria victoria. Sin embargo, radicalizar su discurso y amenazar con violencia puede también quedar prontamente a la vista, lo que indicaría finalmente la gravedad de esta herida y la búsqueda desesperada de un nuevo pacto ante la posibilidad real de la derrota. ¿Aceptaría don Enrique, en aras de la gastada “gobernabilidad”, un “arreglo” con Ortega? Esperemos que no, aunque al final quizás alguna forma de diálogo será inevitable. Pero todo dependerá del margen de votos obtenidos. El que tiene mejores cartas siempre negocia mejor. Don Enrique lo sabe muy bien, y por eso el famoso voto 2 x 1.

Los conservadores han sufrido un golpe del que únicamente se podrán recuperar en la medida en que sepan maniobrar hábilmente. La pública exhibición de división, pugnas internas, manipulación, personalismos, falta de visión… no podrán ser jamás factores dignos de confianza para nadie. Escenificar pleitos y contradicciones diarias ante los medios de comunicación, al mejor estilo “vedette”, tiene un costo altísimo. Y aunque parezca contradictorio, saber lograr con gallardía y rápidamente el voto a favor de sus diputados y al mismo tiempo apoyar la candidatura Bolaños, les resulta fundamental para futuras posibilidades.

¿Estos acontecimientos nos condenan irremediablemente al peligroso bipartidismo criollo? No necesariamente, pero en esta ocasión el panorama posible es el que tenemos a la vista. Ganamos o perdemos todos. Y eso también lo sabíamos desde el principio.  

Editorial
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