- La primera sugerencia es la de dar trabajo de emergencia a cambio de comida. La segunda es la de distribuir semillas de maíz, frijol y millón para que los campesinos que han perdido sus cosechas de primera y sus inventarios de semillas, puedan iniciar a lo inmediato sus siembras de postrera
Antonio Lacayo
Nicaragua ha padecido de sequías en numerosas ocasiones. En ésta de ahora, lo que ha llamado la atención y agravado la situación ha sido la lentitud con que las autoridades del gobierno han respondido, quizás por estar en un año electoral, quizás por los muchos viajes del actual Presidente, quien es el que decide todo. Sin embargo, consciente de la necesidad de actuar, y de hacerlo con rapidez, me atrevo a sugerir dos ideas que fueron puestas en práctica durante el gobierno de doña Violeta de Chamorro, y que pueden ser útiles en esta oportunidad. La gente que está pasando hambre necesita ayuda, y la necesita ya.
La primera es la de dar trabajo de emergencia a cambio de comida, pero en una tarea que sea a la vez productiva, que traiga beneficios a la nación, como sería la limpia de cafetales enmontados. Nosotros lo hicimos en una ocasión, cuando dimos trabajo por comida, chapeando los rastrojos del algodón en Occidente, para evitar la propagación de plagas asociadas con los residuos del algodón, como el picudo. Ahora se trata no del algodón, sino del café, donde millones de plantas están corriendo serio peligro de desaparecer, pues la maleza, los bejucos y el monte en general las están cubriendo y amenazan con ahogarlas y sofocarlas hasta matarlas.
Si se pierden matas de café, perdemos todos. Las plantaciones de café tienen dueños, pero en el fondo son patrimonio de esta nación, que por más de cien años ha vivid, en parte, de la explotación de esos cafetales que han generado empleos, ingresos y exportaciones para beneficio de todos. El Estado, por medio de alguna de las muchas instituciones que hoy existen, debe iniciar a lo inmediato la limpia de todos los cafetales de Matagalpa, Jinotega, Boaco, Carazo, Granada y Managua, priorizando aquellas zonas más castigadas por el hambre, y lograr así dos importantes beneficios de una sola acción: se da comida a la gente, y se salvan los cafetales en espera de mejores precios, que vendrán.
La segunda sugerencia es la de distribuir semillas de maíz, frijol y millón para que los campesinos que han perdido sus cosechas de primera y sus inventarios de semillas, puedan iniciar a lo inmediato sus siembras de postrera, aprovechar las lluvias de septiembre y octubre, que siempre son mejores, y sacar una producción que les permita alimentar a sus familias, volver a levantar la frente y dar la batalla por la vida. Nosotros lo hicimos también, con gran éxito, a través del Ministerio de Acción Social.
Sugiero que por ser éste un año electoral y estar las cosas tan delicadas, se evite al máximo la politización de estas dos acciones, para lo cual el gobierno deberá trabajar en estrecha armonía con las autoridades municipales que resultaron electas el año pasado. La comida que se dará, y las semillas que se entregarán, son bienes del Estado. Ningún partido político debe pretender sacar provecho de esta tragedia nacional.
Debo hacer notar que estas dos iniciativas fueron tomadas por el gobierno de doña Violeta en medio de condiciones macroeconómicas mucho más difíciles que las actuales, cuando políticos opuestos a su gobierno lograron que Estados Unidos cortara la ayuda a Nicaragua, y cuando el Fondo Monetario no permitía el menor desliz porque no había, como lo hay ahora, el afán de incluir a países pobres como Nicaragua en la HIPC. El actual gobierno no tiene excusas para no hacer hoy algo parecido.
* El autor fue ministro de la Presidencia en el gobierno de Violeta B. de Chamorro.