Federico Dueñas*
No hay cifras exactas ni aproximadas, sino simples estimados de los miles de nicaragüenses que han huido del país desde el triunfo sandinista del 19 de julio de 1979.
Nicaragua tiene ahora “casi” cinco millones de habitantes.
En los EUA, entre California y la Florida pueden haber “casi” un millón y en Costa Rica “casi” cuatrocientos mil. De manera que fuera del país hay “casi” un 30 por ciento de nicaragüenses generando dólares que en su propia tierra no los pueden obtener por que “casi” no hay fuentes de trabajo para ellos. No hablemos de respeto a la dignidad humana, pues, según los últimos datos de la ONU, Nicaragua tiene el puesto 106, seguido de Honduras, 107, y Guatemala, 108.
La diáspora iniciada en 79 fue por el pavor a presiones inhumanas de un Estado totalitario izquierdista, como en efecto lo sufrimos quienes aquí nos quedamos hasta las elecciones de 1990. Salieron del país, en su mayoría, profesionales universitarios y prósperos comerciantes e industriales que sabían trabajar con eficiencia. Conforme el sandinismo hizo presión sobre la cautiva población, comenzaron a huir técnicos mecánicos, carpinteros, peluqueros, electricistas y, todo joven que tenía un oficio dominado como fuente principal de trabajo. Aquí la presión más dolorosa fue el Servicio Militar Obligatorio (SMO). El EPS para defender de la “Contra” al partido en el poder “plantó” indiscriminadamente más de cien mil “minas personales” en las fronteras norte y sur, las que aún siguen causado estragos en el campesinado, para evitar la fuga de jóvenes en edad para el SMO.
Durante la presidencia de doña Violeta Barrios de Chamorro (1990-96), a pesar del vergonzoso pacto de transición “Ortega-Lacayo” que avaló el saqueo nacional de bienes que dio origen a la devastadora “piñata” sandinista, hubo un período de “casi” relativa calma económica-política que permitió al país, aún bajo precarias condiciones, trabajar y producir hasta llegar a exportar “casi” 750 millones de dólares. Más aún, la fuga de nicaragüenses hacia los EUA se redujo un poco, pero se incrementó la emigración hacia Costa Rica, por falta de fuentes estables de trabajo, aún en período de paz. Desde entonces los ticos tienen una confiable fuente de abastecimiento de domésticas, jardineros, mozos, choferes barrenderos y cortadores de café baratos.
El arnoldismo, que entró al poder con la gran ilusión y abierto apoyo popular del voto democrático antagónico al danielismo, después de varias huelgas, asonadas, paros de transportistas sandinistas y tomas de empresas, cedió sumiso y comprensivo para confabularse con quien suponíamos era su acérrimo enemigo, con la insana meta de crear una demoledora alianza bipartidista fundada en la corrupción, el nepotismo y el compadrazgo, para amasar inmensas fortunas aprovechando el poder del gobierno en beneficio exclusivo de una selecta cúpula, protegida contra acciones penales aún sobre el futuro político del país, como fue el pacto Arnoldo-Daniel, mismo que constituye el espíritu y marco legal de la nefasta Ley Electoral actual, que da, al primero, protección constitucional contra esperadas acusaciones de abusos de poder cuando salga de la presidencia y, al segundo, una excelente oportunidad de “casi” llegar a la presidencia sólo con un 35 por ciento del electorado a su favor.
Los valerosos emigrantes pinoleros envían al país “casi” ochocientos millones de dólares anuales para la alimentación (“casi” en un 76%) de sus famélicos familiares en Nicaragua. ¡”Casi” cuatro veces al equivalente de las actuales exportaciones nacionales! Estos ingresos “invisibles” son fruto del trabajo arduo, sudado, “casi” esclavizante de “casi” millón y medio de hermanos, padres, tíos, hijos, que están fuera del país, ausentes de sus hogares y sus seres queridos por la imperiosa necesidad de trabajar. Se fueron de aquí por temor y por falta de trabajo estable. Unos, cuando el sandinismo, por terror justificado al comunismo y, los otros, por causa del devastador actuar del gobierno derechista alemanista. Ambos gobiernos fueron caóticos para la población, independientemente de sus idearios políticos. No es la derecha, no es la izquierda. No son los partidos políticos. Somos nosotros, los seres humanos quienes nos hacemos el bien y el mal. Es el maligno citado al principio de la Biblia, el que ensordece al poderoso, el que ciega al presidente y le abre el corazón a la ambición de poder y riquezas mundanas. Es por causa del maligno que “casi” millón y medio de nicas son (y sufren como) extraños en tierras ajenas. Sin el envío de dólares sudados de estos anónimos valientes emigrantes, Nicaragua ya hubiese sido un país en quiebra desde hace varios lustros. Un sencillo, sincero, sentido y modesto homenaje a estas ejemplares personas desde este espacio de La Prensa.
* El autor es administrador de empresas.