Institucionalidad o impunidad

Ary Neil [email protected]

El próximo mes de septiembre la Policía Nacional hará su tercer relevo de jefatura desde que en 1996 se promulgó la Ley 228, que rige los lineamientos de la institución. Hay mucha expectación en torno a la persona que sustituirá al actual Director General, primer comisionado Franco Montealegre Callejas, quien a su vez relevó en el cargo al ahora retirado Fernando Caldera.

A pesar de existir cuatro comisionados generales que por ley deben optar al cargo, hay dos que estarían al filo de la navaja figurando como principales candidatos. Conforme al Artículo 80 de la Ley de la Policía Nacional, es al Presidente de la República a quien corresponde el nombramiento del nuevo Director General de la institución a propuesta del ministro de Gobernación.

Los dos comisionados generales con mayor oportunidad, o que por lo menos se han mencionado como posibles sucesores, son Edwin Cordero Ardila y Eduardo Cuadra Ferrey. El primero se ha desempeñado más en la parte financiera de la institución, y, si se quiere, ha tenido un bajo perfil. El segundo tiene bajo su mando el área operativa-investigativa. Mientras Cordero ha sido más un administrador institucional, Cuadra es considerado “un verdadero policía” y con visión de erradicar el delito.

Entonces, el presidente Arnoldo Alemán tendrá que decidir entre un administrador de las finanzas policiales y un policía investigador que sabe cómo combatir la delincuencia. Se conoce que Cordero cuenta con el visto bueno del Presidente. Alemán no le perdona a Cuadra haber sido quien llevara a cabo la investigación completa del famoso caso conocido como “El Narcojet”, incluso, porque varios de los involucrados en la investigación continúan en cargos muy importantes dentro de la institución.

Al mandatario nicaragüense no le conviene nombrar a un “policía investigador” como Director General de la Policía. Sobre todo a uno como Cuadra, que ha ocupado cargos en el ámbito internacional. En círculos políticos se comenta que Alemán teme que, una vez en el cargo, Cuadra podría “investigarlo”; y no sólo a él, sino también a funcionarios de este gobierno que han sido señalados de cometer actos de corrupción.

No es lo mismo investigar a un presidente que a un diputado. Hay que recordar que cuando lo del “Narcojet”, dos jefes policiales fueron separados de sus cargos por órdenes expresas del mandatario, y eso provocó ciertas suspicacias. Así que Alemán tendrá que garantizarse que el próximo Director General sea una persona de su confianza, y de fácil manejo para favorecer sus intereses.

Pero cabe preguntarse qué es lo que conviene a los intereses de la población. ¿Necesitamos los nicaragüenses un jefe policial que sepa combatir la delincuencia y garantice la seguridad ciudadana o uno que conozca cómo administrar las finanzas de la Policía?

El presidente Alemán tiene la palabra. O garantizamos la institucionalidad o continuamos viviendo con la impunidad.  

Editorial
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