“Sor María Romero: su ejemplo en el camino”

Ana María Chamorro de Holmann

Hoy 7 de julio celebramos el XXIV aniversario del encuentro de Sor María Romero Meneses con su Rey y con su Reina.

Es la fiesta extraordinaria de las bodas de “La Predilecta” con su Rey. Ella, la esposa, viste de blanco, y con su largo velo atado a la corona de sus obras, preparándose para el encuentro.

Así reflexionaba Sor María, al mismo tiempo que llenaba también su vida con esta actitud de caridad, amor y servicio a los demás. En sus notas se lee: “El Señor no quiere para nada la tibieza, quiere la fe viva, encendida y ardiente por medio de las obras. Así quiere Él que lo acompañemos, con la caridad y sacrificio por el prójimo”.

Pronto celebraremos una gran fiesta que será la alegría, y el orgullo de todos nosotros sus compatriotas y de todos los centroamericanos, ya que Sor María Romero muy pronto será la primera Santa Nicaragüense y de Centroamérica porque ella alcanzará próximamente los altares a los que escala peldaño a peldaño por el reconocimiento de sus valores espirituales y el heroísmo, virtudes las que el tribunal que lleva su canonización aceptó como reales y valederas, así como también los milagros que atestiguan esas virtudes heroicas.

Su vida fue sencilla, práctica, pero lo que predomina en ella, en su persona, es el amor; encontrando el poder y la fuerza para cristalizar ese amor en obras por medio de la oración y su íntima relación con Dios y la Santísima Virgen María Auxiliadora, quien sostiene en sus brazos al Dios Niño, a quines les hablaba con confianza y familiaridad. En ocasión de la muerte de su madre que agonizaba, la Superiora le dio el permiso de venir a verla por última vez, Sor María se fue a la capilla para hacer trueque con su Reina: “Te ofrezco el sacrificio de no ir a ver a mi madre, si Vos la llevás directo a tu lado sin pasar por el purgatorio”. Deshizo sus maletas y confió ciegamente en que su trueque era una realidad. Mostrando en este ejemplo su profunda fe y confianza en su Reina. Y así vamos viendo lo que Sor María Romero era para la Virgen y su relación con ella.

Lo leemos en sus notas, Sor María está convencida de que: “María Santísima es la ‘Vía’ establecida por el Padre para ascender a Él”.

Esta semilla de fe y caridad, amor y devoción a la Virgen Santísima, nace en el seno de su familia, y ella la alimenta y la hace crecer hasta llegar a ser un reflejo del mismo Cristo. Lo leemos en su profético anuncio: “Así mi alma irradiará tu imagen”. Escribe Sor María: “Traspasa mi alma con la Luz de tus divinos ojos como la luz del sol traspasa el vidrio. Y así como el vidrio irradia el sol, así mi alma irradiará tu imagen dulcísima, santísima y amabilísima cuantos me vean… y los traspasará tu amo”.

Sor María fue incansable para formar centros de educación, dispensarios, acopios para ayuda a las familias pobres, a quienes repartía ropa y comestibles, y les proporcionaba educación y trabajo, “todo esto –decía–, servirá para irradiar el amor a la Virgen Santísima, será como un foco de luz para todos, para que conozcan a la Virgen, para que conozcan a mi Rey”.

En sus últimos años de vida fundó “La Asociación de la Ayuda de los Necesitados”, en la que incluye el proyecto de “casitas”, las que se construyen para muchas familias pobres, y que como un sello profético cierran su paso por este mundo a través de sus obras: “Es el broche de oro de mi vida”, porque es lo último que María Auxiliadora me ha sugerido para el bien de los pobres. Es una obra bellísima –la más bella del mundo– porque en esta obra trabaja, se interesa y preocupa el pueblo fiel por el hermano más necesitado, sea el que fuere; y yo… inyectándole a hacerlo todo con espíritu cristiano: “Por amor a Dios”. Es admirable la capacidad de Sor María, no sólo por llevar a cabo sus obras benéficas, sino también por la visión socioeconómica, que responde a su estilo de vida y de actuar, todas ellas inspiradas por su grande y profundo amor y espíritu evangélico de un apostolado humanitario, genuino y puro. Como si el mismo Jesús se lo hubiese diseñado y al mismo tiempo, adecuado a los tiempos modernos. Sor María imitó a Cristo en todas sus actuaciones: Ella como Jesús, se entregaba a los niños; como Jesús, multiplicaba los panes; como Jesús, amaba a los pobres más pobres…; como Él: en el ferviente ardor del espíritu de la oración.

Y como ella lo había deseado: llegó el día, el mar fue testigo del encuentro con su Rey; la tomó de la mano y la llevó consigo a su Mansión eterna a la fiesta que le tenía preparada. Mientras aquí en la Tierra el mar sigue el rugir de sus olas día a día. Así como sus olas, las obras de Sor María se siguen levantando una tras otra tras de ella.

* La autora es miembro del Comité de Obras de Sor María Romero, Capítulo de Managua.  

Editorial
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