Piñata azteca

Federico Dueñas

El dos de julio el presidente de México, Vicente Fox, cumplió 59 años de edad. Ese mismo día cumplió el primer aniversario de haber derrotado electoralmente al Partido Revolucionario Institucional (PRI), después de 71 años de dictadura y dominio absoluto de la economía, la política y el destino del país. Además, el mismo dos de julio Vicente Fox contrajo matrimonio civil, en segundas nupcias, con su ex vocera de Comunicación Martha Sahagún. A la ceremonia no asistieron la mamá ni los cuatro hijos de Fox, pero sí los cuatro hijos y la nieta de “Marthita”.

Para la historia de la democracia en Latinoamérica y el mundo, la caída del PRI representó el triunfo del sufragio limpio en las urnas electorales. Lo que poco se menciona es la tortuosa transición del poder real de gobierno que los mexicanos estamos sufriendo.

En Nicaragua, cuando doña Violeta B. de Chamorro ganó las elecciones en 1990, hubo un alto costo político para la transición pacífica, cuando Antonio Lacayo “negoció” la tristemente célebre “Piñata” con el danielismo, de la que no sabemos todavía su magnitud ni cuándo terminará de cancelarse en función de justicia social y restitución de bienes y propiedades a las miles de víctimas del sandinismo. En México, el costo de transición también será en extremo difícil de cuantificar y cualificar, si es que llega a verse algo de tan intangible masa de poder, influencias y dinero.

Un ejemplo de la fabulosa “piñata azteca” es el increíble FOBAPROA, inmensa deuda del mal gobierno de Ernesto Zedillo, antecesor de Fox, en donde acumularon deudas impagables, hicieron malos negocios, préstamos para sanear bancos quebrados, compromisos de carreteras y puentes mal construidos, apoyo a campañas políticas del PRI (incluida la del mismo Zedillo, por medio de Cabal Peniche, ahora prófugo radicado en Australia) por la cantidad, en 1999 de… ciento cincuenta mil millones de dólares. Sí señor, al decir esta increíble suma de dinero, no estoy cometiendo error alguno.

La corrupta maquinaria política-económica, montada por el PRI durante 71 años, funcionaba muy bien para sus diabólicos fines. Surgió una casta de poder que mezclaba al empresario con el político y en contubernio negociaron concesiones estatales y saquearon sin contemplación al ciudadano mexicano.

Se estima que Carlos Salinas de Gortari se llevó, al salir de la presidencia, casi treinta mil millones de dólares, mientras que de cien millones de mexicanos la mitad son pobres y 20 millones viven en extrema pobreza, según la ONU. Quince millones de mexicanos viven en EE.UU. (muchos ilegales) que arrojan doce mil millones de dólares anuales al país, para que sus familiares no se mueran de hambre.

Fox y el cambio trajeron un hálito de esperanza. Fox conoce las miserias en el campo y los problemas del citadino. El luchó contra el PRI, conoce bien al enemigo y necesita apoyo de un equipo de trabajo honesto para limpiar el moho y el orín priísta al Estado. Esperemos que a Fox no le pase lo que a Arnoldo, familia y amigos íntimos, que, cuando se hacen del poder, se olvidan de las bellas promesas de campaña por acumular con desenfreno riquezas sucias que se quedarán en la tierra cuando ellos mueran.  

Editorial
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