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La ‘familia real’ de Nicaragua parece reeditar con nuevos brillos no sólo a la dictadura somocista, sino, por ejemplo, a la familia Posse, pero con algunas diferencias. La familia Posse ejerció su nepotismo en el siglo XIX en Tucumán, provincia de Argentina. Según la historia, este clan causaba mucho temor reverencial, algo similar a lo que hace el presidente Arnoldo Alemán y su familia con el abuso de poder en el gobierno.
A este problema del nepotismo no escapan los regímenes perversos y desde la Edad Media los reinos y señoríos están enviciados con el sabor del poder en la administración pública y se reparten los cargos no en razón de valía, sino en razón del parentesco o de la afinidad de cualquier tipo.
Esto fortalece los muros de la corrupción y la impunidad, alimentando a la vez la cultura de la sumisión, el servilismo y el culto a la personalidad.
Don Arnoldo, su familia y su séquito deberían releer el mensaje de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, en ocasión de la Pascua de Resurrección, emitida el tres de mayo de 1995, donde se habla de la ambición de poder, del nepotismo y de la corrupción, entre otros males. Así se verían en su verdadero espejo.
Don Antonio Alemán, lejos de ser un connotado jurista convertido en magistrado del Tribunal de Apelaciones de Masaya, será el pararrayos de los problemas legales que pueda enfrentar en su momento la ‘familia real’ con las propiedades obtenidas en la parte oriental del país durante su estadía en el gobierno.
Los cargos del Estado deberían ser distribuidos por concurso y no entregarlos por derecho de consanguinidad. Pero en Nicaragua, en pleno siglo XXI, la familia Alemán actúa al revés, quizás pensando en que forman parte de la ‘nueva nobleza’ que constituirá “el único medio honesto de hacer fortuna”.
La ‘familia real’, además de vivir en la opulencia que les da el poder a costa de los impuestos de los contribuyentes, se está granjeando la impunidad a través de la inmunidad que le podrían dar los cargos de diputados en las próximas elecciones.
El abuso de poder raya en lo insoportable: una escolta presidencial empecinada en atropellar o matar a la gente en las calles si no se apartan, todo porque ‘el hombre’ viene a alta velocidad; un Poder Judicial corrupto, el Triángulo Minero sin esperanzas, el tráfico de influencia y la corrupción alentados por el gobierno y la cúpula sandinista, la crisis económica, la agresión a los periodistas, las zanganadas de Alemán y Ortega que ofenden, los mismos bandidos que quieren gobernar el país a través del Ejecutivo y Legislativo (tanto por parte del PLC y el FSLN), el irrespeto a la institucionalidad, el problema del transporte, el abandono hospitalario es deprimente y el manoseo a las leyes.
Por esto, es urgente luchar por una cultura de respeto al derecho y a la dignidad de la persona.
* El autor es periodista.