Según la última encuesta de CID-Gallup, cuyos datos más importantes han sido presentados por LA PRENSA esta semana, un 44 por ciento de las personas encuestadas considera que no es necesario votar por los candidatos del mismo partido en las cuatro boletas electorales. Y al contrario, sólo el 37 por ciento considera que sí se debe votar por el mismo partido en todas las boletas, mientras que un 19 por ciento dice que no sabe, o simplemente no responde. Asimismo, son más las personas (45 por ciento) que piensan que es importante que haya un tercer partido en la Asamblea Nacional, versus un 41 por ciento “que le concede poca importancia”
Por supuesto que estos datos no se pueden interpretar en el sentido de que en las elecciones del próximo mes de noviembre los electores van a cruzar el voto en los mismos porcentajes. De ninguna manera. Inclusive, es posible que en el momento de las elecciones los ciudadanos voten como siempre lo han hecho, en cascada, o sea por los candidatos del mismo partido en todas las boletas.
Sin embargo, los mencionados datos de la encuesta de CID-Gallup acerca de lo que están pensando ahora los ciudadanos sobre el voto cruzado y la necesidad de tener un tercer partido fuerte en la Asamblea Nacional, indican que cada vez son más las personas que creen en la posibilidad y la necesidad de votar por el candidato presidencial de un partido, pero por los candidatos a diputados de otro.
La verdad es que el voto cruzado no resolvería el grave problema, de que los ciudadanos son prácticamente obligados por ley a votar por los candidatos a diputados en listas cerradas que elaboran y presentan las cúpulas de los partidos, listas que casi siempre están llenas de personas que fueron colocadas allí no porque tengan idoneidad para ser representantes y legisladores de la nación, sino porque son socios del cacique del partido, o sus parientes, por favores personales y por componendas políticas entre las cúpulas partidarias que se alían para participar en las elecciones.
Para elegir un personal legislativo de buena calidad política, ética, profesional y humana, es necesario establecer el procedimiento de elección uninominal, o sea que los ciudadanos tengan la posibilidad de votar por cada candidato a diputado de manera directa, en vez de hacerlo por las listas cerradas de los partidos, como hasta ahora, que es un sistema en el cual el diputado no le debe su elección a los ciudadanos sino al partido y, en algunos casos peor aún, al capo del partido.
La diferencia entre el sistema de elección de diputados en listas cerradas, y el procedimiento uninominal, es muy importante. En el primero las cúpulas de los partidos controlan a los diputados y éstos toman decisiones sin consultar a los ciudadanos, inclusive en asuntos tan trascendentales como fue el haber bajado el porcentaje de votos para ganar la elección presidencial a 40 por ciento, e inclusive a 35 por ciento en el caso de que la diferencia entre el primero y el segundo lugar sea de cinco por ciento y menos. En cambio, en el sistema de elección uninominal cada diputado es elegido en un distrito pequeño y las personas votan directamente por la persona. Por lo tanto los diputados deben rendir cuentas a los ciudadanos y estos tienen más posibilidades de ser tomados en cuenta por los parlamentarios cuando adoptan las decisiones que por ley competen a su cargo.
Por supuesto que el buen funcionamiento del sistema de elección uninominal requiere un adecuado nivel de cultura política democrática, la que resulta sólo de una larga experiencia de convivencia cívica y participación ciudadana. Y esto es algo que no existe en Nicaragua, donde el Estado se maneja como un botín y la política sigue siendo caciquista y autoritaria.
Pero la cultura democrática electoral y la experiencia de participación ciudadana no caen del cielo ni aparecen de repente. Hay que conquistarlas desde abajo y comenzar a practicarlas en algún momento y este podría ser ahora. ¿Por qué no?