¿Camino hacia el progreso?

Julio Bosco Gómez Lacayo

En los círculos académicos e intelectuales se oye mucho discurso sobre la globalización del mundo y la interdependencia que se está formando entre los muchos países. Los avances tecnológicos y la estabilidad política que estamos viviendo en esta época de pax americana, facilita el progreso económico, que antes estaba detenido por la Gerra Fría. Me pregunto: ¿cómo se compara Nicaragua con otros países más grandes, más ricos, y más establecidos? ¿Y qué define nuestro futuro dentro del sistema mundial?

Como todo nicaragüense me da mucho orgullo reconocer las cualidades que nos definen y proyectan nuestra imagen como pueblo hacia el escenario mundial. Los nicas somos gente de mucho valor y principios, de ambición y esfuerzo, amable y respetuosa, trabajadora y luchadora. A través de mis viajes alrededor del mundo me he dado cuenta que Nicaragua es un país con mucho por delante, un futuro lleno de promesas y posibilidades, con un gran potencial turístico, con un clima de eterno verano y muchas otras riquezas naturales que serán la base de nuestro crecimiento económico.

En términos de avance, somos un país joven, con un gobierno democrático recién nacido que todavía se está solidificando y ajustando a las demandas nacionales. Es necesario que comencemos a tomar en cuenta todos los requisitos para poder ser un actor internacional y poder beneficiarnos y crecer a nivel global.

Tenemos la oportunidad de elegir nuestro futuro a través de un candidato que nos defienda y tome en cuenta la tarea que tiene por delante para el bien de cada uno de nosotros y de toda Nicaragua, de una vez por todas. Es necesario tener una plataforma que no sólo prometa soluciones, que suenan bien, pero que al final se esfuman. El candidato perfecto tiene que desear mejorar la calidad de vida de todos los nicaragüenses, de todas las clases sociales para mantener no sólo higiene y orden, pero la moral y el espíritu de todos nosotros los trabajadores que vamos a levantar el país y la economía en nuestros hombros. También tiene que creer en la importancia de la educación. El conocimiento, a todo nivel, abre puertas de oportunidad y enseña lo que uno no ve. Con educación se pueden realizar los sueños, y entre más niños estudien mejores ideas y negocios producirán. Con sólo estos dos derechos del pueblo tenemos una fórmula para el desarrollo, una gasolina para el carro que es nuestra economía. Pero el candidato debe ser mesiánico, debe tener espíritu de sacrificio, comprender que al ser electo se debe al pueblo y no al revés.

El gobierno está en el poder gracias al pueblo elector y está para servirlo. Esto quiere decir que los gobernantes son nuestros representantes, que están en posiciones de autoridad para implementar nuestros deseos de la mejor manera posible. ¡En el candidato perfecto no hay lugar para la corrupción! La corrupción es un virus que debilita el gobierno quitándole energías y atención a lo que de verdad importa. Si en su gobierno se empiezan a permitir mordidas o se toman decisiones con motivos personales, pronto se contaminará el resto. ¡El país se desmorona, la fábrica del pueblo se debilita, la moral se pierde, el espíritu se desploma, se establece la apatía de unos contra la voracidad de otros, en fin, se ha cometido el más grande delito contra lesa patria!

Quiero ver de verdad un candidato que viva para Nicaragua y para cada uno de sus ciudadanos. Que por fin se sacrifique por ellos para poder sacar adelante a todos. Esto es lo que simboliza el candidato perfecto, el que no se considera como individuo, sino como parte de algo más grande: su patria, la de todos los nicaragüenses, dentro y fuera de Nicaragua, porque la patria es grande y acoge a todo aquel que la quiere y venera. Necesitamos a alguien que se merezca nuestra confianza y nos pueda representar hábil y respetuosamente entre las organizaciones mundiales para promover nuestro país como se merece.

Todo camino empieza con el primer paso, uno que Nicaragua ya tomó en 1990 cuando el pueblo decidió el sistema democrático para escoger a su representante. Ahora, como país, tenemos la oportunidad de tomar la mayor decisión que existe, esa de nuestros próximos cinco años. Es nuestro derecho como ciudadanos el votar por nuestro candidato, pero también es nuestro deber elegir bien y con mucha consideración, para evitar el atraso y asegurar el progreso. De esta manera, Nicaragua puede solucionar el problema interno que nos ha plagado por demasiados años, para seguir progresando dentro del sistema global y poder aprovechar las oportunidades que hay a nuestro alcance. Pensemos, entonces, lo que es Nicaragua en el mundo hoy, lo que queremos que sea para que actuemos con decisión. Siempre para adelante.

* El autor es nicaragüense, profesional del City Bank of Miami.  

Editorial
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