Se espera que los tres candidatos presidenciales que participarán en las elecciones de noviembre firmen la Declaración de Chapultepec sobre la Libertad de Expresión, con lo que culminaría el foro nacional que la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) celebrará hoy en la UCA, sobre la vigencia en Nicaragua de los principios de dicha Declaración.
Subrayamos que se espera que los tres candidatos firmen la Declaración, porque según declaró un dirigente sandinista, hay la posibilidad de que Daniel Ortega, candidato del FSLN, no participe en el acto de firma debido a que éste se celebrará en casa de la ex presidenta Violeta B. de Chamorro. Sin embargo, suponiendo que la reserva de Ortega fuera razonable, puesto que él considera a la ex Presidenta como su adversaria política, esto no debería ser razón para no firmar la Declaración de Chapultepec.
En realidad, el hecho de que los tres candidatos presidenciales suscriban la Declaración de Chapultepec no significa que quien resultare electo, una vez que esté en el poder respetará escrupulosamente la libertad de expresión y de prensa. Sin embargo, es muy importante que los tres candidatos –de entre los cuales saldrá el próximo presidente de Nicaragua– firmen dicha Declaración, no sólo como un acto simbólico, sino también como un compromiso de honor del que tendrían que rendir cuentas a la nación y a la comunidad internacional, si deshonraran la palabra empeñada.
Por cierto que de los tres candidatos presidenciales, al señor Ortega, del FSLN, es a quien más le conviene comprometerse solemnemente a respetar la Declaración de Chapultepec, que consagra los principios básicos de la libertad de expresión y de prensa.
En efecto, tanto Bolaños, del PLC, como Vidaurre, del Partido Conservador, tienen credenciales que los identifican como políticos respetuosos de la libertad de expresión y de prensa. Esto no garantiza, por supuesto, que cualquiera de los dos al convertirse en gobernante no tendría conflictos con los periodistas ni trataría de menoscabar de alguna manera la libertad de expresión e información. Pero cabe esperar que con Bolaños o Vidaurre en la Presidencia de la República, la libertad de prensa se mantendría incólume en términos generales.
La única incógnita al respecto se plantea con el candidato del FSLN, Daniel Ortega, quien gobernó el país con mano de hierro entre 1979 y 1990, dictó leyes represivas contra la prensa libre, impuso la censura, cerró muchos medios independientes y desafectos a la revolución sandinista, y reprimió a numerosos periodistas independientes. Además, todo eso ocurrió no sólo porque había una situación de guerra en el país, sino también porque la concepción marxista y revolucionaria, en general, sobre la libertad de expresión e información, no considera a ésta como algo inherente a la persona humana, que es como la conciben las personas genuinamente democráticas, sino como un derecho de carácter social que, por lo tanto, puede y debe ser regulado e inclusive suprimido por el Estado.
Lo cierto es que sólo mediante el ejercicio irrestricto de las libertades individuales y los derechos democráticos, es que las personas pueden vivir con dignidad e inclusive reclamar y hacer valer sus aspiraciones de justicia social y participación política. Por eso es muy importante que los tres candidatos presidenciales suscriban la Declaración de Chapultepec sobre la Libertad de Expresión, y mucho más significativo es que la firme el candidato sandinista Daniel Ortega Saavedra, quien aspira volver a gobernar aprovechando, precisamente, el estado de derecho y la libertad de elección que, en general, hay ahora en Nicaragua.
El lugar donde se firme la Declaración de Chapultepec es lo de menos. Lo fundamental es que cada uno de los candidatos presidenciales, y sobre todo Daniel Ortega, se comprometan solemnemente a respetar todas las libertades individuales y los derechos sociales, ante todo la libertad de expresión y de prensa que es la madre de todas las demás libertades, y sin la cual no puede existir una sociedad democrática. Como se dice conceptuosamente en la Declaración de Chapultepec: “No hay personas ni sociedades libres sin libertad de expresión y de prensa. El ejercicio de ésta no es una concesión de las autoridades; es un derecho inalienable del pueblo”.