El municipio y la democracia

José Ernesto Somarriba Sosa

“El municipio es el lugar donde reside la fortaleza de los pueblos libres”

Alexis de Tocqueville

El pensamiento que aparece como epígrafe ha sido extraído de uno de los capítulos dedicados a la Comuna (municipio), que como piedra angular Alexis de Tocqueville usó para construir el edificio que encierra su obra “La Democracia en América”, que pasó a ser un texto clásico de la literatura política de todos los tiempos.

Y es que el tema del municipalismo viene como punto básico en el discurso de campaña del Ing. Enrique Bolaños Geyer. En la concentración de Masaya, donde reunió a los jóvenes de todos los partidos políticos que acompañan al PLC en sus esfuerzos por triunfar en el próximo certamen electoral del 4 de noviembre, la municipalidad fue la idea focal de su discurso; y, en el exitoso evento celebrado el 3 de junio, llevado a cabo en el Centro de Convenciones ‘Olof Palme’, el candidato del liberalismo volvió a ocuparse, como pensamiento recurrente, del municipio como “del lugar donde reside la fortaleza de los pueblos libres”.

En Masaya el candidato liberal le pidió a sus seguidores, que se acostumbraran a impulsar las obras de progreso de sus comunidades por medio de las alcaldías correspondientes; y, en Managua el Ing. Bolaños fue más largo en su concepción del quehacer municipal y se comprometió a que, si llegaba a la Presidencia de la República, el Gobierno Central aportaría una cantidad de recursos financieros igual a la que la Alcaldía municipal se esfuerce en invertir en llevar a feliz término los proyectos de su comprensión comunal.

Aunque el municipio ha existido como institución desde hace mucho tiempo, los alcaldes generalmente han sido dirigidos desde la sede del Gobierno Central. Jamás han tenido independencia en su actuar, y frecuentemente se han desempeñado como simples ejecutores de órdenes emanadas de la más alta esfera del Poder Ejecutivo.

Bien Ingeniero Bolaños, su propósito de realizar acciones concretas en su próximo gobierno para cimentar, a través de la acción municipal, la incipiente democracia que se vive en el país, nos parece de lo más constructivo y patriótico, equivale tanto como a despejar el camino de las malezas que han nacido como consecuencia del poco transitar por la vía. Es una invitación a despertar del largo letargo al que nos ha llevado la incuria de los tiempos.

Constituye un interesantísimo punto en sus planes de gobierno. Le felicito porque ha tenido la habilidad de convertir en tema novedoso la vieja idea de municipio, y es más, hasta podemos llegar a una forma de democracia directa, como la que practicaban los griegos de la antigüedad con sus Asambleas del Pueblo; si por ejemplo, las alcaldías acuden a los cabildos abiertos como mecanismo de consulta para sus planes de gobierno, y se vuelve una norma de buen actuar el uso de ese invaluable recurso consultivo.

El árbol de la democracia debe crecer frondoso en nuestro país, y para lograr ese propósito necesitamos todos contribuir con nuestro esfuerzo a las tareas de limpieza, riego y fertilización que necesite la valiosa planta. Todo esto, usted nos lo pone en términos fáciles y prácticos. La población, por un lado, y el gobierno por otro, debemos juntar fuerzas, propósitos y acciones para sacar adelante esta idea.

La descentralización administrativa que se produciría estimulando a los municipios a trabajar con libertad e independencia, solo consultando al pueblo para la toma de decisiones importantes, colocaría el poder en muchas manos y ese actuar nos conduciría al ejercicio de la democracia. La virtud de la democracia está en “esparcir el poder”, para que una sola persona no se habitúe a dar todas las órdenes, y el hábito lo convierta en caudillo; situación que además de indeseable es negatoria de la esencia de la democracia y del liberalismo, que están opuestos a toda forma de caudillismo.

Don Enrique, usted tiene razón cuando nuestro citado autor dice: “Quitad la fuerza y la independencia de la Comuna (el municipio), y sólo encontraréis en ella administrados y nunca ciudadanos”.

Por eso es que el Ing. Bolaños merece el voto de los nicaragüenses. De la rica cantera del liberalismo ha surgido este candidato, joven en sus ideas, prestante por el brillo de sus actuaciones, y experimentado por los años que ha vivido.

* El autor es diputado al Parlacen.  

Editorial
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