Enfermedad presidencial

Douglas [email protected]

Parece difícil para un Presidente de la República escapar a la paranoia, la enfermedad más típica entre mandatarios y altos funcionarios de gobierno, que son susceptibles a las críticas y buscan tras ellas alguna conspiración, aunque nada de eso exista. Es el ego, que con el poder se agranda y desata represalias peligrosas contra los que ejercen la libertad de opinar y criticar.

Me contaba un político nicaragüense que durante los años 80, mientras él compartía con amigos en una casa particular, llegó a buscarlo un oficial de la Seguridad del Estado con la orden de llevarlo ante el ministro del Interior, Tomás Borge, quien lo regañó y amenazó porque había criticado al régimen sandinista en una reunión informal con diplomáticos.

Varios periodistas recordamos que en mayo de 1985, en Puerto Cabezas, después de entrevistar a indígenas alzados en armas que comenzaban a negociar con las autoridades, oficiales de la Seguridad del Estado nos quitaron las libretas, los rollos de película y los casetes de video, prometiéndonos que pronto los devolverían, y nunca más supimos de nuestros materiales de trabajo, a pesar de las gestiones que hicimos en todos los niveles.

Durante el gobierno de doña Violeta Chamorro desaparecieron las instituciones represivas y las leyes que obstaculizaban la libertad de expresión, pero algunos ministros trataban de callar las críticas de los medios de comunicación cortándoles publicidad, ocultando información e impidiendo el acceso de ciertos reporteros que consideraban adversos.

La administración liberal, presidida por Arnoldo Alemán, es la que más ha tratado de coartar la información periodística con presiones indirectas del Estado, como lo está haciendo ahora contra El Nuevo Diario, al retirarle publicidad y suscripciones, sólo porque al mandatario le desagradan las críticas o revelaciones que ha hecho sobre su gestión.

En la medida en que el periodismo nicaragüense avanza en profesionalización y amplía la labor de fiscalización de la administración pública, a favor de la sociedad en general, los gobernantes, independientemente de la ideología que profesan, son más propensos a mostrar sus tendencias autoritarias, las que suelen tapar con discursos de retórica democrática en los mítines.

Expertos en comunicación han dicho que sólo el acceso irrestricto de la sociedad a la información, puede impedir el retorno de los gobiernos dictatoriales a nuestros países, porque uno de los aportes elementales de la libertad de expresión es poner al descubierto cualquier trama que pretenda usurparles derechos y beneficios a los ciudadanos.

Podemos deducir que si un gobernante trata de ocultar información a los periodistas es porque nada bueno pretende, y teme que la población lo sepa. Luego, si al ser criticado por sus acciones trata de impedir el trabajo de los medios de comunicación y se inventa una historia de conjura, es un dictador en potencia, que en la menor oportunidad intentará revivir las leyes que fueron derogadas para construir la democracia.  

Editorial
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