En el punto número 3 del artículo 13 de la Convención Americana de Derechos Humanos, mejor conocida como Pacto de San José, que en Nicaragua tiene valor de ley de conformidad con lo que manda el artículo 46 de la Constitución Política de la República, señala que: “No se puede restringir el derecho de expresión por vías o medios indirectos, tales como el abuso de controles oficiales o particulares de papel para periódicos, de frecuencias radioeléctricas, o de enseres y aparatos usados en la difusión de información o por cualquiera otros medios encaminados a impedir la comunicación y la circulación de ideas y opiniones”.
Por su parte, la Declaración de Chapultepec sobre Libertad de Expresión, adoptada en marzo de 1994 y suscrita por los jefes de Estado de casi todos los países latinoamericanos, incluyendo a Nicaragua, establece que: “Las políticas arancelarias, la licencias para la importación de papel o equipo periodístico, el otorgamiento de frecuencias de radio y televisión y la concesión o supresión de publicidad estatal, no deben aplicarse para premiar o castigar a medios o periodistas”.
Consideramos oportuno y necesario citar estas disposiciones y principios, sobre la libertad de expresión y prensa, en virtud de la denuncia que ha hecho pública El Nuevo Diario, de que está siendo víctima de castigo gubernamental por medio de una reducción drástica de anuncios del sector público, lo que de ser cierto constituiría una violación a la Constitución Política de la República (artículos 30, 46, 66, 67 y 68), a la Convención Americana sobre Derechos Humanos, a la Declaración de Chapultepec sobre Libertad de Expresión y, en fin, a la más importante y apreciada de todas las libertades que es la libertad de expresión y de prensa.
En realidad, en Nicaragua es como una tradición que los gobiernos ejerzan presión contra la libertad de prensa a través de la restricción o supresión de publicidad del sector público en los medios de comunicación que por una u otra razón no son gratos a los gobernantes. Como también es habitual que usen abusivamente la publicidad y otros recursos del Estado para premiar a los que practican un periodismo complaciente con el gobierno, aunque sean medios insignificantes o desprestigiados y que marcan muy poco en las preferencias del público.
Por cierto que LA PRENSA es el diario nicaragüense que más intensamente y en más ocasiones ha sufrido este tipo de presiones –aparte de las censuras, cierres del Diario, ametrallamientos e inclusive bombardeos, ataques de turbas, terrorismo fiscal, etcétera–, prácticamente bajo todos los gobiernos que se han turnado desde 1926 hasta ahora, pero particularmente bajo las dictaduras somocista y sandinista, e inclusive bajo el actual gobierno liberal.
Por supuesto que ninguna razón ni motivo justifican que el gobierno presione y trate de silenciar o de suprimir a un medio de comunicación, ni siquiera con un manejo discriminatorio de las asignaciones de publicidad del sector público, que dicho sea de paso no se financia con recursos de los gobernantes ni del partido oficialista, sino con las contribuciones directas e indirectas de todos los nicaragüenses, tanto de los que apoyan al gobierno como de los que lo adversan, y de quienes son indiferentes a una u otra opción política.
Según nuestros principios libertarios, el periodismo se debe ejercer de manera profesional, independiente, imparcial, sin compromisos de ninguna clase con ninguna corriente ideológica ni partido o movimiento político. O sea, que la prensa debe ser libre de cualquier atadura, y su compromiso tiene que ser exclusivamente con la verdad. Pero cualquier medio de comunicación es libre de tener una opción política y promover cualquier ideología, si tal es su voluntad, y nadie, mucho menos el gobierno por medio de la asignación de publicidad estatal, debe castigarlo por eso.
Si es cierto que el gobierno está suprimiendo la publicidad del sector público a El Nuevo Diario por razones políticas, LA PRENSA se solidariza plenamente con el colega perjudicado. Y le hacemos ver al presidente Alemán que la celebración en Nicaragua del Foro sobre la Declaración de Chapultepec, es una magnífica oportunidad para que rectifique ese error y para que trate de mejorar sus relaciones con la prensa independiente.