La muda de don Daniel

Eduardo Enríquezeduardo.enriquez@la prensa.com.ni

Es fácil saber cuándo es época de elecciones presidenciales en Nicaragua, porque el candidato perpetuo del Frente Sandinista, don Daniel Ortega, empieza a “mudar” de discurso, de actitud y hasta de apariencia.

En 1990 don Daniel cambió el uniforme verde-olivo, la pistola y hasta los anteojos de gruesos marcos por el “look” de Chayanne, el cantante puertorriqueño que en esos años creaba furor en Latinoamérica. Don Daniel saltaba sobre las tarimas al ritmo de la música del entonces muchacho caribeño. Luego, en 1996, cambió el discurso beligerante del que “gobernaba desde abajo” por la camisa blanca, impecable, el tono pausado, de pocas palabras, y los ademanes reflexivos.

Ahora está mudando de nuevo. Todavía no ha llegado el momento de notarle los cambios en su forma de vestir, pero su discurso sí que está sufriendo, una vez más, la metamorfosis de la temporada electoral. Una metamorfosis de por sí efímera, pues una vez acabada la campaña don Daniel volverá a ser el mismo de siempre.

El cambio se está notando en lo que anda ofreciendo. Dice don Daniel que si gana no hará todo lo que hizo durante sus 10 años de gobierno. “…podrán tener toda certeza, de que nunca más volverá a haber confiscaciones ni expropiaciones”, aseguró con vehemencia don Daniel el día que firmó un acuerdo, igual que hizo en el 96, con un sector de ex miembros de la Resistencia.

Dice don Daniel que a los que no tienen tierra van “a darles respuesta, pero no quitándole la tierra a un productor, pequeño, mediano o grande. Tenemos que ser respetuosos de la propiedad de todos los nicaragüenses. Vamos a comprar tierras para hacer un banco de tierras…”.

“Que se sientan seguros los que tienen su casa, los que tienen su finca, los que tienen su empresa… que se sientan seguros de que no vamos a confiscar a nadie…”, afirmó don Daniel, que reflejaba en su timbre de voz el deseo desesperado de quien busca que le crean.

Pero es ese punto, precisamente, el que demuestra que la muda de don Daniel es sólo una telita que él espera le permitirá conquistar votos. Sin embargo, la verdad es que don Daniel podrá cumplir con su promesa de no confiscar, pero no podrá cumplir con la promesa de dar tierras a los que no la tienen. O viceversa.

Si su gobierno facilita créditos a los productores, les construye caminos y fomenta la actividad, ¿qué productor estará dispuesto a vender sus tierras sabiendo que haciéndolas producir les sacará mayores réditos?

Pero también es posible que una economía deprimida como la que propició don Daniel en los años 80 le permita disponer de tierra barata para comprar. Pero entonces, ¿de dónde va a sacar el dinero para comprarla? ¿de dónde sacará el dinero para habilitar a todos esos nuevos propietarios si no habrá una economía vigorosa que lo respalde?

Sólo hay una forma de que don Daniel pueda cumplir con sus dos promesas: dentro de una economía deprimida, echar a andar la maquinita de hacer billetes. Así, podrá comprar tierras con córdobas devaluados y habilitará a los campesinos con aquellos millones resellados. Pero, para entonces, don Daniel habrá mudado de nuevo. Será el señor que conocimos en los años 80. O sea, el de siempre.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí