El conteo rápido es un método matemático-estadístico que se utiliza para estimar el posible resultado final del conteo electoral. En términos generales, la forma en que opera es la siguiente: En primer lugar, se escoge una muestra al azar de las Juntas Receptoras de Votos (JRV) a nivel nacional. Seguidamente, se recluta a un grupo de observadores electorales y se les entrena en la técnica correspondiente. Una vez entrenados, los observadores son enviados a cada una las JRV seleccionadas, para que el mismo día de las elecciones envíen los datos recabados a un centro de cómputo donde estos son procesados y analizados científicamente. Como resultado de ese conteo, es posible conocer con gran precisión el posible resultado final.
El conteo rápido es completamente diferente de las encuestas a boca de urna, también conocidas como encuestas de salida. Lo que hacen estas últimas es recabar la opinión de las personas que votaron. No son confiables por muchas razones, pero principalmente porque no utilizan muestras al azar (o aleatorias), y porque no es infrecuente que las personas entrevistadas no quieran decir por quién votaron, o que, simplemente, suministren información falsa. El conteo rápido, en cambio, no mide opinión, sino comportamiento, ya que los datos se toman de los resultados reales consignados en las actas de escrutinio oficiales en cada una de las JRV seleccionadas.
El método mencionado ha venido desarrollándose desde los años setenta, hasta alcanzar en la actualidad un alto grado de confiabilidad científico. Su mayor o menor capacidad predictiva tiene que ver con el tamaño y la alietoriedad de la muestra. Entre más grande sea la muestra escogida, mayor precisión puede esperarse de su aplicación. Se usa en muchos países del mundo, habiendo casos donde, como en el Perú, los resultados finales de la institución oficial encargada de las elecciones se diferenciaron de los resultados del conteo rápido en tan sólo un 0.02 por ciento. De conformidad con parámetros internacionales, se considera que un conteo rápido fue hecho correctamente cuando los resultados del mismo están a menos de dos puntos y medio porcentuales de distancia de los resultados finales oficiales.
Los conteos rápidos sirven, entre otras cosas, para que la ciudadanía tenga un método de información y de verificación independiente de los resultados finales generados por el organismo oficial encargado de conducir el proceso electoral. Sirven, en ese sentido, para prevenir fraudes, pero sirven también para eliminar la incertidumbre que surge en la ciudadanía en el período que media entre el día de las elecciones y el día en el que se hace el anuncio oficial y final de los resultados.
En Nicaragua, la aplicación de un conteo rápido profesional, científico e independiente cobra una enorme importancia cuando se toma en cuenta el bajo nivel de credibilidad de un Consejo Supremo Electoral integrado por magistrados que han demostrado estar dispuestos a actuar con criterios partidarios y no independientes. Asimismo, se hace necesario ante la posibilidad de que los representantes de los dos partidos que integran el CSE —el PLC y el FSLN— se rehúsen a integrar el quórum necesario para sesionar y tomar decisiones. Ya el FSLN demostró hace poco estar dispuesto a no integrar quórum, causando serios trastornos en el proceso electoral, y si vuelve a hacer lo mismo después de las elecciones, o lo hace el PLC, se crearía en la ciudadanía un desconcierto altamente peligroso.
Un ejemplo relativamente reciente de la importancia de un conteo rápido lo tenemos en las elecciones mexicanas del año pasado. El Instituto Federal Electoral, organismo encargado oficialmente de la organización y conducción del proceso electoral mexicano, reconoció en la misma noche de las elecciones la validez de las tendencias señaladas por el conteo rápido independiente, y con eso fue posible anunciar —esa misma noche— el nombre del triunfador de los comicios.
Pero para que un conteo rápido tenga sentido y validez, tiene que ser hecho por una organización totalmente independiente del Consejo Supremo Electoral. Como bien señala el experto en ese método contratado por Ética y Transparencia, Neil Nevitte: “Un conteo rápido es una manera de verificar y comparar los datos oficiales,” agregando estar sorprendido de saber que el CSE pretenda hacerlo él mismo.