Mario Alfaro Alvarado
Sucedió lo que todo el mundo sabía que sucedería. Nada de extrañar en un país gobernado por mandones caprichosos, investidos de unos poderes que les permiten hacer lo que se les antoja y nadie puede evitarlo.
¿Qué ventajas políticas produjo la inhibición del Dr. José Antonio Alvarado? Porque si esa arbitrariedad no produjo ninguna ganancia política, se confirma lo que se ha repetido con insistencia: Que es una venganza personal del Dr. Alemán, contra alguien que fue su buen amigo y le sirvió con lealtad desde los cargos que desempeñó en el gobierno. ¡Así es la vida, frente a un fiel amigo se descubre el antiamigo rencoroso y mezquino!
También se confirma lo que el pueblo nicaragüense ya sabe, que el Consejo Supremo Electoral no es ningún poder del Estado aunque lo diga la Constitución; que es un instrumento ejecutor de los dos partidos coaligados contra el pueblo y sus funcionarios son meros empleados personales de Alemán y de Ortega, cuyas órdenes obedecen aunque tengan que atropellar a la Máxima Ley de la República.
En el orden electoral se ha retrocedido lo poco que se avanzó entre 1990 y 1996, hasta regresar a 1950. Dice el artículo 503 del engendro constitucional del llamado Pacto de los Generales: “El Consejo Nacional de Elecciones se compondrá de un presidente y de dos miembros políticos que representarán a los dos partidos principales de la nación. El presidente del Consejo Nacional de Elecciones será nombrado por la Corte Suprema de Justicia por mayoría de votos; y los miembros políticos, por la Junta Directiva Nacional y Legal de los respectivos partidos”.
Se aprecia fácilmente en este artículo, que el Partido Liberal con dos votos podía imponer su voluntad en el CNE y que el Partido Conservador únicamente se reservó al derecho de protestar. El esquema del actual Consejo Supremo Electoral es el mismo que el del Consejo Nacional de Elecciones del somocismo, un poco más complicado, más caro y más burocrático, pero igualmente obediente para cumplir las órdenes recibidas.
Finalmente, ¿qué sucederá después de la eliminación de Alvarado, resultará afectado el proceso electoral? Personalmente creo que nada sucederá. El manejo electoral está en manos de los dos caudillos como en 1950, ligados por un pacto personal; y a menos que uno de ellos intente realizar un fraude electoral, todo discurrirá como los pactistas lo han planeado y acordado. La última palabra la tendrán los votantes.
Hay que despertar del sueño de inventar una alianza o “tercera vía” para derrotar en las urnas a liberales y sandinistas. Es imposible conformar una alianza cuando nadie está dispuesto a sacrificar algo; y, a contrario sensu, todas las alianzas en este país se fusionan en la fragua del prebendismo oportunista. Nadie obtiene una adhesión si no tiene nada que dar.
Basta observar con criterio sereno y objetivo cómo están alineadas las tres fuerzas políticas que competirán en las elecciones. El triunfo presidencial lo obtendrá uno de los dos grandes partidos que forman el núcleo mayoritario de la fuerza votante. La pequeña tropa conservadora podrá obtener ventajas si orienta a sus militantes a votar por don Enrique Bolaños y a volcar todos sus votos —esos 14 puntos de las encuestas— sobre las papeletas de sus diputados. Muchos otros votantes los imitarán si el Partido Conservador presenta una nómina diputadil, integrada por las mejores y más prestigiosas personas que militan en este partido. En esta forma se podrá sustentar un contrapeso equilibrador en la Asamblea Nacional, que pueda evitar en forma permanente la presencia de una mayoría orgánica que imponga sus decisiones en el Parlamento.
Por el momento político que vive el pueblo de Nicaragua, las próximas elecciones han de salvar el abismo que media entre una nueva aventura ideológica que ha fracasado en el mundo y fracasó aquí mismo; y el inicio de un proceso de recomposición democrático del actual Estado decadente, incapaz de enfrentar los retos del presente siglo, y sustituirlo por un Estado moderno a través del proyecto de Estado-Nación, que ha comenzado a calar la conciencia de las nuevas generaciones nicaragüenses.
* El autor es periodista.