- El estruendo llegó primero y
después el movimiento que puso en vilo a miles de pobladores
de las comunidades vecinas
al cerro La Bujona, posible
epicentro del fenómeno
Alina Lorío L. – [email protected]
QUILALI.- Aquella mañana del miércoles 13 de junio quedará impresa para siempre en las páginas de la historia de Quilalí. Un sismo de 5.0 grados en la escala Richter no fue nada común para los pobladores del lugar que describieron el fenómeno como algo “terrible, y por sus características jamás vivido por la presente generación”. Ver galería gráfica.
Las viviendas, costruidas de adobe y sin las mínimas reglas de ingeniería, convirtieron a Quilalí en una de las zonas más vulnerables a estos efectos. “Gracias a Dios el epicentro estaba ubicado a 20 kilómetros de profundidad y el tiempo de duración no fue mayor a los tres segundo, porque de lo contrario el cuento fuera catastrófico”, comentó el mayor Norlan Baca, jefe de la misión de oficiales enviados por la Dirección Nacional de la Defensa Civil.
El 100 por ciento de las viviendas de adobe sufrieron más de alguna ruptura en sus paredes, no obstante el primer recuento de la verificación in situ de las brigadas de Defensa Civil señala que en estado delicado fueron encontradas unas 254 casas de once comunidades y la cabecera municipal en Quilalí, donde se orienta como medida preventiva desocuparlas.
El equipo de fotógrafos y de redacción de LA PRENSA bordeó el cerro La Bujona, posible epicentro del sismo, y encontró enormes cráteres, que fueron dejados a su paso por inmensas rocas de unas 18 toneladas que se desprendieron en la cima y rodaron hasta caer desintegradas en las faldas del cerro, sin ocasionar daños humanos ni materiales en la zona bastante despoblada.
El informe de la Defensa Civil también revela la existencia de enormes grietas al pie del cerro La Bujona, a unos 10 kilómetros al noroeste del poblado de Quilalí; una de ellas de 500 metros de largo y un metro de profundidad, y la otra ubicada a 200 metros de la primera con un aproximado de cinco metros de largo y un metro de profundidad.
Después del primer sismo los lugareños han confirmado nuevas réplicas, pero de menor intensidad, que se deben probablemente a la activación de una “falla muda local” que cruza los municipios de Jalapa, Jícaro y Quilalí hasta llegar a Boaco.
Se espera en las próxima horas un informe oficial del Initer que realizó in situ un estudio del fenómeno telúrico.