Liberar el transporte, pero de verdad

La liberación del transporte colectivo debería ser una pronta realidad, no sólo un “chamarro” del gobierno y el COSEP (Consejo Superior de la Empresa Privada) para intimidar a los transportistas, quienes están en paro desde la semana pasada exigiendo aumento en la tarifa del servicio o que les restituyan los bonos de subsidio al combustible.

Como es sabido, la importación de insumos para el transporte goza de exoneración de impuestos pero las llamadas cooperativas de los transportistas exigen que el gobierno les restablezca los bonos de subsidio al combustible, que en el reciente pasado generaron una gran corrupción. Pero no fue por la corrupción que el gobierno suprimió a principios de este año los bonos de subsidio, sino por falta de capacidad económica y por necesidad de cumplir el ajuste estructural que exigen los organismos financieros internacionales para que Nicaragua pueda aprovechar el programa de asistencia a las naciones pobres altamente endeudadas, ante todo la condonación de una parte sustantiva de la deuda externa.

Por cierto que algunas personas y grupos sociales y políticos condenan a los organismos financieros internacionales porque no permiten que los gobierno de las naciones pobres, como Nicaragua, subsidien actividades económicas de mucha sensibilidad social, mientras que en los países desarrollados se subsidia con sumas millonarias la agricultura y el mismo transporte colectivo.

En realidad, el subsidio estatal a determinadas actividades empresariales y servicios públicos no es malo en sí mismo. Lo que pasa es que subsidian quienes tienen capacidad económica para hacerlo, de la misma manera que sólo los que tienen recursos suficientes pueden darse lujos que no están al alcance de personas cuyos ingresos son bajos o modestos. Es cierto que Estados Unidos, Canadá y los países de Europa Occidental invierten anualmente unos 400 mil millones de dólares en subsidios agrícolas. Pero esos países gastan tanto dinero y aún más en subsidiar la agricultura, el transporte público y otros rubros de interés nacional y social, porque su capacidad productiva les permite hacerlo. En cambio, las naciones que son pobres precisamente porque no producen ni siquiera para satisfacer las necesidades básicas de su población, no pueden darse el lujo de subsidiar nada y si lo hicieron antes fue porque emitieron dinero sin respaldo o porque se endeudaron desmedidamente, aunque después tuvieran que hacer cola ante los organismos financieros y la comunidad internacional para pedir condonación de la deuda externa y que les ayudaran a salir del caos inflacionario, un recurso poco digno que por cierto ya se ha agotado.

Volviendo al caso del transporte, es de mucho interés social que éste sea liberado del control monopólico de las cooperativas que lo operan con criterios políticos y cultura de economía informal. El transporte debe ser puesto a la altura de otros sectores que se han modernizado y se están adaptando a las nuevas circunstancias, como el comercio, por ejemplo, que ofrece a la gente la oportunidad de comprar según las posibilidades y los gustos de cada quien, ya sea en un supermercado y un centro comercial, o en las pulperías y los mercados populares. Eso mismo debe hacerse con el transporte colectivo, para que los usuarios tengan también la posibilidad de escoger entre distintas opciones y calidades, y no se les siga obligando a montarse en buses destartalados e incómodos, en los que además de recibir un trato grosero arriesgan la integridad física y hasta la vida.

La semana pasada, el diputado del partido gubernamental, Wilfredo Navarro, anunció la presentación de un proyecto de ley para liberar el transporte, en tanto que el presidente del COSEP, don Roberto Terán, informó por su parte que una firma española estaría dispuesta a invertir en Nicaragua para crear una gran empresa de transporte de pasajeros, con una flota de autobuses modernos, cómodos, bien mantenidos y conducidos por personal eficiente y educado, igual que en los países civilizados.

Se trata sin dudas de una excelente idea que podría ser implementada de manera gradual y mediante la oferta de un servicio diferenciado de transporte colectivo, con tarifas que estén al alcance de todos los usuarios de acuerdo con los distintos niveles de sus posibilidades económicas. Ojalá.  

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