Domingo Lacayo [email protected]
Tomando como parámetro los resultados electorales de las elecciones del 2000, verdadera encuesta real, podemos decir que ningún partido por sí solo, con su propio voto fiel, podría alcanzar el 35% mínimo para ganar en primera vuelta las próximas elecciones generales, lo cual es una situación normal en los países democráticos. Para ganar no basta con el voto cautivo de cada partido, es necesario conquistar una buena parte del voto indeciso.
Por el alto nivel de abstención manifestado en el 2000, equivalente al 44% del total de electores inscritos, se estima que fue, mayormente, el voto fiel de cada partido el que acudió a votar. Así, los electores fieles del PLC, FSLN, CCN y PC representaron el 41.6%, 40.3% y 13.3% respectivamente, de los votos válidos depositados.
Dada su importancia, se estima para las próximas elecciones generales un comportamiento similar a los años 90 y 96, donde los votos depositados andarán por el orden de un 75% del total de personas aptas para votar. En este escenario, los votos fieles del PLC, FSLN, CNN y PC se traducen en 31%, 30%, 3% y 10%, respectivamente. Por lo tanto, para alcanzar el 35% mínimo, siempre son necesarias las alianzas y la lucha por la conquista de los indecisos. De hecho el PLC en alianza con Camino Cristiano aumenta a un 34% sus expectativas, las cuales tienden a crecer con otras alianzas importantes que también han venido realizando con el PRN, ALCON, PAN, ANC, etc. Pero, la decisión final estará siempre en manos de los indecisos, quienes llegarán a representar un importante 26% de los votos esperados.
Al FSLN le conviene, al no poder captar fácilmente el voto indeciso por ser un voto con inclinación democrática, tratar de confundir al electorado indeciso presentándose como una opción viable en alianza con sectores de la UDC, Yatama y MUC. Tratará de promover la dispersión del voto indeciso entre varias opciones políticas democráticas, inclinándolo especialmente por la más débil.
A este grupo del electorado se le debe hacer conciencia de la importancia de su voto, pues de ellos dependen los resultados de la próxima elección. Se les debe convencer de no desperdiciar su voto por una opción que de ninguna forma podría resultar ganadora, como la del Partido Conservador que más bien se ha debilitado al retirarse Pedro Solórzano con todo y sus votos, y de lo dañino que resulta abstenerse de votar, pues en ambos casos se favorece únicamente al FSLN.
Un eventual triunfo sandinista no conviene ni a su propio electorado pues se profundizaría y se prolongaría indefinidamente la crisis económica del país, la cual afecta a la mayoría de los nicaragüenses, incluyendo a los propios sandinistas. Para los inversionistas privados, el FSLN no brinda la confianza necesaria y alejarían sus inversiones de Nicaragua temiendo un proceso intervencionista del gobierno en el régimen de libre mercado y el irrespeto al derecho de propiedad privada, vocaciones demostradas por el FSLN durante los años ochenta, con todas las consecuencias que eso significó y que todavía significa para el país. La sola posibilidad de triunfo del FSLN ha provocado parálisis en las inversiones privadas y ha sido un elemento coadyuvante de la recesión económica que se siente en el país.
La única posibilidad de triunfo democrático la representa el PLC con su excelente fórmula Bolaños-Rizo, la que sumada a un estratégico trabajo proselitista, le permitirá inclinar a su favor el voto de los electores indecisos
* El autor es administrador de empresas y analista político.