Jorge [email protected]
Hace algún tiempo señalé en uno de mis artículos que si el Frente Sandinista llegara al poder, tendría posibilidades de gobernar bien sólo “…si dejara de ser sandinista y abrazara sin reservas la ideología liberal en su acepción más amplia”. Lo repito y lo sostengo; porque el sandinismo real que ya experimentamos y sufrimos en la década del ochenta, es la antítesis del liberalismo, siendo esa —óigase bien— la única y verdadera razón por la que fue como fue: represivo, totalitario, incapaz y destructivo.
Eso es así porque el sandinismo no es una ideología original. De hecho, no es más que un nombre que se usó como mampara para ocultar a un grupo de trasnochados revolucionarios que idolatraban la ideología socialista y que odiaban a muerte la filosofía política liberal. Trataré de ser más claro: el “sandinismo real” no es más que la expresión partidaria y concreta de la ideología socialista; y ésta, por su propia naturaleza es, y siempre lo será, represiva y destructiva.
Con frecuencia escucho decir —cínicamente a los dirigentes rojinegros, e ingenuamente a algunos de sus seguidores— que si volvieran al poder ya no cometerían los “errores” del pasado. ¿A qué se refieren? ¿Querrán decir que ya no violentarían el derecho de propiedad robándose las propiedades ajenas? ¿Que ya no volverían a eliminar la libertad de expresión censurando periódicos y radioemisoras? ¿Que ya no habría un asfixiante, aburrido y falaz Sistema Sandinista de Televisión? ¿Que ya no verían al empresario privado como un conculcador de la “plusvalía” producida por los trabajadores ni como un vulgar explotador de los pobres? ¿Que ya no torturarían ni llenarían las cárceles de gente que se atreviera a no pensar como ellos? ¿Que las “turbas divinas” ya no hostigarían a los disidentes?, en fin… ¿Que respetarían la libertad individual?
La verdad es que lo correcto es hablar de los “horrores” del sandinismo y no de los supuestos “errores”. Todas las acciones del sandinismo fueron el producto natural e inevitable de la ideología socialista que abrazaban, a como es natural que uno espere mangos y no limones si lo que ha sembrado en el patio de su casa ha sido una semilla de mango.
El socialismo, que es la ideología de los sandinistas, busca la igualdad, pero, a diferencia del liberalismo que, reconociendo y respetando las diferencias naturales entre las personas, lo que busca y promueve es la igualdad de oportunidad, “el socialismo” —como ya lo decía Alexis de Tocqueville hace 153 años— “busca la igualdad en la restricción y la servidumbre”. De ahí que el socialismo —o el sandinismo— hace inevitable la supresión de la libertad individual, ya que cuando ésta existe jamás puede haber igualdad de resultados, por la simple y sencilla razón que los seres humanos tenemos diferentes ambiciones, talentos, y capacidades. Por eso es que para lograr la tan anhelada igualdad, al socialismo no le queda más alternativa que reprimir y destruir las instituciones que hacen posible la libertad individual, como son la libertad de expresión, la propiedad privada y la iniciativa privada.
El ex teórico marxista David Horowitz confirma lo anterior cuando dice que: “Los medios están contenidos en los fines. La revolución de la izquierda debe aplastar la libertad a fin de lograr la ‘justicia social’ que busca”. Los socialistas creen que no importa suprimir unas cuantas “libertades burguesas” con tal de que la gente tenga lo básico para vivir. Sin embargo, hasta eso es una ilusión, algo que Horowitz reconoce muy bien al decir que: “Este es el círculo totalitario que no se puede cuadrar. El socialismo no es pan sin libertad; no es pan ni es libertad”.
¿Y entonces? Pues ya sabemos lo que podemos esperar si los sandinistas llegasen al poder: represión, falta de libertad, y mayor grado de pobreza. ¡Ah! ¿Pero no será posible que hayan cambiado como creen algunos? Haber cambiado significaría haber abandonado la ideología socialista y abrazado la filosofía liberal, y después de escuchar a Daniel Ortega, a Tomás Borge, a Víctor Hugo Tinoco y a Mónica Baltodano, entre otros, no hay nada, pero absolutamente nada, que me haga pensar que han abjurado del socialismo. Algunos ilusos creen que el hecho de que algunos líderes del sandinismo sean empresarios significa que ya no creen en el socialismo. ¿Y es acaso que por el hecho de tener empresas los miembros de la mafia siciliana, por ejemplo, han dejado de ser mafiosos? ¡Qué tontería! Abramos bien los ojos… cuando aún hay tiempo.
El autor es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA