Ligia Chamorro Cardenal*
Claramente recuerdo ver, al actual alcalde Herty Lewites, parado en una ladera de la Laguna de Tiscapa, las cámaras de televisión también alcanzaban a enfocar sus aguas, que un día, más o menos hace 17 años fueron límpidas y saludables. Decía: “…Si llego a ser alcalde de Managua, den por hecho que haré lo necesario para limpiar y recuperar la salud de esta laguna, que es una joya de nuestra ciudad”.
Es verdad que en 100 días no se puede hacer todo; también es verdad que se ha hecho un pequeño esfuerzo al mandar a quitar toneladas de basura acumuladas en sus riberas, durante los últimos 17 inviernos. Pero también es verdad que mientras no se desvíe por completo el cauce que fue abierto en la administración sandinista por el alcalde Samuel Santos, durante la presidencia de Daniel Ortega, vertiendo en este vaso de agua cristalina y límpida, gran parte de la basura y podredumbre de algunos barrios de la capital.
Si este cauce no se desvía y se clausura por completo, si se aplica una solución a medias, el problema sólo será pospuesto un año más y tendremos más basura sobre la basura, más lodo sobre el lodo, cubriendo el lecho natural convirtiendo cada vez más, un lugar de vida y solaz en un charco maloliente y putrefacto en medio de la ciudad.
No es nuestro propósito llamar la atención hacia este crimen ecológico, hacia esta torpeza e ignorancia incalificables, sólo por el ejercicio de la crítica.
Nuestro propósito es recordarle al alcalde Lewites la importancia del cumplimiento de su promesa; ya que él ha sido el único en estos años, que ofrece empezar a sanear la laguna. Por lo que le pedimos que haga lo que se debe hacer, usando una tecnología eficiente y apropiada, pronto, antes de que sea demasiado tarde.
En los tiempos actuales, de creciente conciencia ecológica se hace indispensable la eficaz tutela del patrimonio ambiental, sobre todo en el caso que nos ocupa tratándose de una invaluable reserva acuífera, y de una de nuestras bellezas naturales al alcance de la mano de cualquier habitante de Managua. ¿Cómo se puede hablar de limpieza de la ciudad sin considerar en primer lugar este tema? ¿Cómo podemos pretender empezar el saneamiento del vasto Xolotlán, si no podemos mantener saludable una pequeña laguna en el corazón mismo de nuestra ciudad?
Podríamos hacer otras consideraciones válidas pero la de más peso a mi juicio es que de no tomar las medidas rápidamente para sanear esta laguna, nos mantendremos en la lista de los pueblos que desprecian la salud ambiental, que no valoran las bellezas naturales con las que han sido bendecidos tan abundantemente por el Creador.
Sólo pensemos en lo que esta laguna le puede proporcionar a los acalorados habitantes de Managua, a la vez de lo que puede aportar a la industria del turismo, que es una de nuestras más fuertes esperanzas al desarrollo económico a corto plazo.
Por lo que invitamos con todo respeto a nuestro alcalde Lewites a que honre su palabra lo antes posible, para que ayude a formar para Nicaragua la imagen de nación que comprende la importancia de cuidar el medio ambiente, patrimonio de todos los habitantes del planeta.
* Ciudadana de Managua.