El don de la vida

Migdonio Blandón B.*

El invaluable tesoro que todos los humanos recibimos como regalo de Dios, es el don de la vida, que se inicia en la concepción hasta alcanzar a su debido tiempo su completo desarrollo. Según lo comprobado por la ciencia, el nuevo ser desde las once semanas está integralmente formado en el vientre materno y su organismo ya funciona a cabalidad, siendo incluso sensible; y sólo Dios sabe hasta dónde el grado de memoria e inteligencia.

Así, como criaturas Suyas hechas a su imagen y semejanza, con la inteligencia, libertad y voluntad recibidas en las progresivas etapas de la vida, dentro de su especie cada humano es irrepetible. La mente, las huellas dactilares y otras particularidades hacen la diferencia. Se dice: “Cada cabeza es un mundo”; y es un misterio de la sabiduría infinita del Creador de todo lo que existe. Por eso alguien dijo: “Cuando la criatura nace se rompe el molde”.

De un molde roto con ególatra y criminal intención, hay una dramática historia que es conocida por muchos, pues las protagonistas lo atestiguan públicamente por diferentes medios y que, sabiéndolo de fuente fidedigna, por considerarlo soporte válido en el tema del presente, me permitiré resumir el caso, que es como sigue:

Hace veinticinco años, sobreviviente de un aborto nació en San Francisco de California la que ahora es una bellísima joven cuyo nombre es Sara Smith, que con su madre, públicamente dan testimonio del dramático y singular suceso de sus vidas. Presuntamente sin previo examen, la señora a los tres meses de embarazo se sometió a un aborto; y el abortista le arrancó el cuerpecito inerte de un niño, dando por terminada la faena.

Dos meses más tarde, la paciente hizo notar al médico, su cómplice, que algo se movía en su vientre, por lo que hasta entonces se dieron cuenta que había otra criatura viva; y él le propuso terminar la macabra operación; pero ella ya consciente de lo que hacía, se negó a ello y se dispuso a dejarla nacer. Así nació y creció Sara, de belleza exuberante y deteriorada salud, que con cuido especial y la ayuda médica, su madre ha restaurado.

Desde su dramático nacimiento hasta sus quince años, la jovencita sufrió inseguridad no pudiendo dormir bien. Todas las noches tenía sueños terribles. Soñaba que un horripilante monstruo, descuartizaba a su hermanito al que no conocía y que el monstruo también a ella la perseguía y las frecuentes pesadillas la deprimían tanto que ya no quería vivir, por lo que su madre de acuerdo con el médico-psiquiatra, decidió revelarle su fatídico secreto.

Su madre arrepentida había implorado el perdón divino pidiéndole también perdón a su hija, a la que sin saberlo por su grave culpa ella siendo víctima inocente había hecho sufrir tanto, y ésta cuando supo la verdad lo comprendió todo. En su subconsciente habían quedado gravados los horrores sufridos en el aborto de su hermanito; pero ya reconciliadas por la gracia de Dios y de su misericordia infinita, ha alcanzado la paz que Él sabe dar.

Ahora unidas por el amor y disfrutando de verdadera paz se dedican a la lucha por la defensa de la vida, dando el amargo testimonio vivido. Así han estado en diferentes lugares, hace poco estuvieron en El Salvador y pronto vendrán a nuestro país. Hasta aquí la historia que corrobora que el don de la vida debe respetarse en todas sus facetas, y que las personas conscientes debemos colaborar a que no se sigan violando sus derechos.

Es triste saber que en el mundo se asesinan por el aborto más de cuarenta y cinco millones de seres inocentes, condenados incluso por las leyes de muchos países. En buena parte de Europa ya están quedando solamente los viejos; y los países que llamamos desarrollados, desarrollan su esfuerzo y su riqueza por diferentes medios en la guerra sin tregua al derecho a la vida a quienes siendo el futuro, hoy no pueden defenderse.

En toda la historia de la humanidad en ninguna guerra se ha derramado tanta sangre como al presente se derrama. ¿Para combatir la pobreza?… ¿Por falta de espacio?… ¿Por falta de alimentos?… ¡Qué absurdo!… Si Dios nos da la vida, sólo Él tiene el derecho a quitarla; y así como nos la da, también nos da con la inteligencia los medios para la subsistencia. En Arabia Saudita faltándoles agua dulce la procesan del mar. Y los alimentos y riquezas de los océanos puede decirse que no se han explotado. ¿Y quién va a estar en la tierra sin morir?

* El autor es empresario.  

Editorial
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