Lo de siempre o un comenzar

Hugo Castillo*

Siempre tenemos la impresión de que estamos comenzando de nuevo, me comentaba un amigo en cierta ocasión, cuando el asunto de los pactos era la comidilla política del día en nuestro país. Todos nos escandalizábamos como si esto fuese una cosa poco usual en nuestra política criolla.

No nos percatamos que parte del perfil de nuestra historia política está, casualmente, cruzada por este tipo de componendas que nos dan la medida de nuestra posibilidad para juzgar a la clase política como mejores o peores con relación a nuestro concepto cultural del bien, de lo que está bueno o está malo, ya que no solamente estamos hablando de la distribución del poder y de la riqueza en nuestra sociedad, sino de aspectos más sustantivos, como son lo moral y lo cultural.

Vivimos en una sociedad que sufre de una confusión fundamental de todas las imágenes y de todas las ideas y va a ser muy difícil que logremos en el mediano plazo que aparezcan separados los intereses políticos de los económicos y de los religiosos.

Estamos de alguna manera subsumidos y reducidos a un estado de supervivencia donde apenas y de forma restringida encontramos ciertas funciones claramente localizadas.

Aquí el nicaragüense, como individuo, está perdiendo paulatinamente su personalidad, nuestros marcos de referencia son cada vez más difusos y nuestros grados de identificación con lo reprobable a lo que nos vinculamos día a día, nos hace asumir los caracteres de los que delinquen desde el poder, sea éste político, económico o religioso.

Lo uno es soporte de lo otro en relaciones de perfecta identidad.

Esto ha sucedido tanto en la derecha como en la izquierda y los llamados centros, forman parte del pasado y del presente, siempre el robo y el latrocinio, están acompañados de nuestra tolerancia, de clasificar al que transgrede como listo, audaz, inteligente y de un nosotros actuando como soporte para que esto suceda.

Es muy usual escuchar a los políticos manifestar que los problemas actuales de Nicaragua trascienden la esfera de lo ideológico, no obstante es en el ámbito de lo ideológico –como solía decir Gramsci-, donde la gente toma conciencia de las relaciones que se dan en la sociedad.

Lo que el nicaragüense llegue a creer y hacer o crea y esté haciendo ha sido producto de un largo proceso persuasivo y organizativo llevado a cabo precisamente por esas fuerzas ideológicas y políticas en función de sus objetivos particulares, nuestra condición misma de soporte es una manifestación clara de una conciencia falsa producto de la manipulación de esas fuerzas políticas que hoy están actuando y delinquiendo desde el poder; sea que se autodenominen representantes del interés general, sindicatos, periódicos, escuelas, asociaciones cívicas y culturales, ejército e iglesia. Todos ellos han participado del proceso de pérdida de nuestra personalidad y del hecho de estar subsumidos en la sobrevivencia.

* El autor es sociólogo.   

Editorial
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