Augusto Cordón
En un proceso tan integral como la ganadería, deben darse lo menos posible enfoques “unidimensionales”, que pongan en riesgo su viabilidad. El sector ganadero está armónicamente interrelacionado, sus distintos eslabones productivos y comerciales tienen su lógica natural, todos los involucrados deben ser conscientes que fortaleciendo un eslabón de la cadena, necesariamente tienen que beneficiarse los otros eslabones.
Nadie duda que hay que potenciar el valor agregado promoviendo la agroindustria. Lo más lógico pensar es que todo el proceso sale beneficiado. Sin embargo en Nicaragua hay discrepancias, ya con sabor a rancio, entre los intereses de uno y otro sector que necesariamente debe atemperarse para beneficio del desarrollo del país.
Los productores pequeños y medianos necesitan vender a buenos precios sus terneros para obtener más rentabilidad; este famoso y tan trillado juego de la libre economía de mercado que promulgan casi todos los Estados, incluyendo Nicaragua, confronta el discurso con el accionar operativo de funcionarios inexpertos o “demasiado expertos” en la materia. De la noche a la mañana al 70% de los ganaderos del país se le prohíbe vender su cosecha de terneros al mejor postor. Se debilita al sector primario, sabiendo que las consecuencias a corto plazo debilitarán también al supuesto sector beneficiado.
La agroindustria, esencialmente vital en el desarrollo agropecuario, tiene que jugar un papel de avanzada; su aporte de capital orgánico y repunte tecnológico lo colocan favorablemente en un nivel capaz de generar alta eficiencia, para su propia rentabilidad y para remunerar con precios competitivos al productor generador de su materia prima. Una simbiosis perfectamente aceitada. A una agroindustria no se le puede limitar al empaquetado de la carne, para que genere rentabilidad tiene que utilizar al máximo el procesamiento de todos los subproductos. Es la única forma de ser rentables, de beneficiarse ellos y armónicamente el resto del sistema.
Los ganaderos y los procesadores tienen la mejor oportunidad, de ponerse de acuerdo en sus intereses que de una u otra manera son los mismos.