Guillermo Areas Cabrera
El objetivo de todo partido político es la consecución del poder. De conseguirse el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo, la tarea de gobernar, es más viable. El dame que te doy con otros partidos influye menos en las tomas de decisión haciendo del concepto de gobernabilidad, un concepto de mayor eficiencia.
En consecuencia, es prioridad para el PLC el ganar el Poder Ejecutivo y el Legislativo y esto tiene que llevarse a cabo ofreciendo a los electores los mejores programas y candidatos posibles. Si a mí me preguntan cuáles son los requisitos ideales del candidato a Presidente de la República, yo diría: seriedad, experiencia, honradez, conciencia de la necesidad de producción del país, conocimiento del agro, respeto a las leyes, a la propiedad privada, justicia, austeridad, ser ejemplar ciudadano, dedicación, amor a la Patria y el deseo sincero de sacar a Nicaragua de su postración económica. El ingeniero Enrique Bolaños reúne a cabalidad la lista anterior de atributos y cuando las leyes del caso permitan el inicio de la campaña política y el pueblo de Nicaragua conozca su plan o agenda de gobierno, éste (el pueblo) comprenderá cómo los activos de don Enrique hacen un balance perfecto con los requerimientos que el país demanda para iniciar el tan esperado despegue económico que nos permita el día de mañana dar a este pueblo lo que siempre ha anhelado: paz, trabajo, educación, progreso y salud.
La otra cara de la moneda es el Poder Legislativo; éste y el Ejecutivo tienen que trabajar con un objetivo común; hacer que Nicaragua cambie de estatus y que pase de ser pobre de solemnidad, a ser un productor digno de ganarse el pan de cada día. Lo anterior se logrará si el PLC lleva una mayoría a la Asamblea del país y esto será un hecho si propone como candidatos a los mejores hombres y mujeres del mismo. Existe la percepción de que los nombramientos con el dedo llevan en sí la consecución más de intereses personales, que los del mismo partido o los de la nación. Esta percepción podría traer graves consecuencias al PLC en su lucha por la mayoría en la Asamblea y cuidado hasta en su lucha por la Presidencia de la República.
Es muy tarde para ir a elecciones nominales (elecciones populares) de candidatos a diputados, pero nunca lo es para que cada miembro del PLC que desee serlo se inscriba en su jurisdicción departamental y haga público su plan de acción explicando cómo favorecerá los intereses de su región y de la nación. De esta manera la sociedad civil a través de sus organizaciones democráticas puede de manera cívica y sincera pronunciarse acerca de los candidatos, detallando las razones por las cuales apoyarlos. Con este consenso, los convencionales departamentales PLC, con un poco más de conciencia y menos estómago, más conciencia de partido y patria, que de un puesto público, podrán proponer y votar por aquellos que sí representarán los verdaderos intereses del pueblo. Un Eduardo Montealegre en la papeleta de Managua es una garantía de votos, lo mismo que Horacio Brenes para Matagalpa o Silvio Argüello Herdocia para León, sólo por nombrar algunos.
Como dijo don Enrique, los diputados no deben de ser nombrados, ni por su dedo ni por ningún otro dedo. Ojalá que las voluntades rectoras del PLC entiendan que por encima de los intereses personales de los líderes y de los del partido, están los de la Patria y que lo anterior los obliga a llevar los mejores hombres y mujeres del mismo al Legislativo y que se trata de capacidad y amor al pueblo y no sumisión al poder de un dedo. Invito a las diferentes organizaciones democráticas del país a promover de manera pública aquellas personas del PLC que serían los mejores candidatos a diputados. Es una obligación cívica por el futuro de la Patria.
* El autor es abogado.