Róger E. Sá[email protected]
Cada ciudadano desea lo mejor para su patria, aunque no siempre lo que deseamos es, precisamente, lo mejor para nuestro país.
¿A qué se debe esta confusa contradicción de cara a las próximas elecciones de noviembre? Para que Daniel Ortega se encuentre a la cabeza de los pronósticos en la encuesta de Borges y Asociados, influyen factores tales como el desencanto de los nicaragüenses por la corrupción del gobierno de Alemán. Pero ¿por qué castigar en la persona de Enrique Bolaños –candidato presidencial por el PLC- a este partido? Que Alemán haya ejercido un gobierno desordenado, lleno de vicios y corrupciones no indica que Bolaños sea igual a él, o que si es elegido presidente va a tener la misma actuación de Alemán.
Según dicen quienes conocen a Bolaños, éste es un hombre honesto, honrado, íntegro. La única debilidad que personalmente le veo, y de acuerdo a los reportes de prensa del país, es que no demuestra independencia, fortaleza y agresividad anímica para presentarse ante el pueblo como un candidato fuerte que capte las simpatías del electorado. En otras palabras, como la mejor opción presidencial para el país. Pero esto puede cambiar, está en sus manos hacerlo y ojalá no tarde mucho en realizarlo.
El otro factor –lo dicen los diarios del país- para que aparentemente Daniel Ortega aparezca como favorito, es que la nueva generación de votantes no vivió el horror dictatorial de los años 80 ejercido por el sandinismo; no sabe las imposiciones y la falta de libertad que padecimos los nicaragüenses en esos años en una cruel dictadura semejante a la Fidel Castro en Cuba. Desconoce el terror que imponía sobre la población la siniestra organización político-militar dirigida por Tomás Borge y Lenín Cerna: la Seguridad del Estado, las torturas que sufrieron algunos nicaragüenses a manos de esa organización, el desaparecimiento físico de algunas personas que no comulgaban con la Revolución ni con el marxismo-leninismo, los abusos e imposiciones y el dolor del exilio de miles de nicaragüenses que tuvieron que abandonar su Patria porque no existía ninguna seguridad personal para ellos en el país.
La actual juventud nicaragüense desconoce la infame tarjeta de racionamiento de alimentos y los nefastos Comités de Defensa Sandinista, que vigilaban constantemente a todos los vecinos en cada cuadra de nuestras ciudades. En resumen: desconocen la vivencia de una dictadura estilo Castro o Stalin. Y eso es, precisamente, lo que nos espera si regresa al poder el sandinismo. Serían muy tontos, o inconscientes los nicaragüenses, si votaran en las próximas elecciones por ese sistema de gobierno. Pero si eso sucede, tristemente se cumpliría aquello que dice: “Los pueblos se merecen los gobiernos que tienen”.
* El autor es administrador de Empresas.