Juan Carlos Santa Cruz
Todas las semanas somos testigos de noticias de capturas de inmigrantes indocumentados, apresados generalmente en los departamentos de Rivas y Chinandega. Desde el momento que se habla de captura, tenemos la percepción que estamos frente a delincuentes consumados. Cuando los vemos en televisión nos enteramos que se trata de ecuatorianos, peruanos, bolivianos, etc., con los rasgos que caracterizan a todos los latinoamericanos. En sus rostros se trasluce la frustración, la impotencia, la humillación, al estar presos por querer salir de la pobreza por la vía de la migración manipulada. Se trata de gente joven, con la potencialidad como para no morirse de hambre, como les ocurre en sus países. En circunstancias como ésas no faltan los “coyotes”, que son estafadores, delincuentes que juran y rejuran que por una cierta cantidad de dinero, pueden ponerlos en el país deseado, que generalmente es Estados Unidos. Aquí se inicia el drama de esta pobre gente que trabaja durante años y quizás vende todos sus enseres para pagar el viaje a los traficantes de inmigrantes. Lo más triste es que el pago (estimado en unos ocho a diez mil dólares) por persona, no incluye gastos intermedios, como el pago a abogados que deben asistirles en países como Nicaragua, cuyas autoridades les captura y procesa por indocumentados y a veces por otras figuras jurídicas. Hasta aquí la realidad de estos latinoamericanos que en nada se diferencian de los nicaragüenses “espalda mojada”, capturados en territorios como México o Estados Unidos.,y que en ciertos casos constituyen nuestros propios familiares. Es un drama del que no podemos ser insensibles sobre todo porque vivimos en medio de la pobreza y extrema pobreza.
A quienes debemos denunciar por todos los medios es a los que se prestan a este trasiego humano. Concretamente, a los que alquilan casas como verdaderos “buzones” en los departamentos fronterizos. Se comenta que algunos cobran hasta mil dólares para alojar un contingente de indocumentados por una o dos noches. El nombre de estos mercaderes mafiosos figuran “traspapelados” en medio de apelaciones y apelaciones, porque seguramente cuentan con excelentes abogados. Es sabido que los traficantes de inmigrantes poseen un sofisticado sistema de comunicación, con enlaces, contactos, cobertura logística, para poder ingresar, alojarse y transitar por los países. Hay que tener presente que están traficando con mercancías pagadas en el país de origen. No hay contratos, no podrá haber reclamos, aunque no faltan aquellos que lo hacen y finalizan en el fondo del mar. Alcemos nuestra voz, no podemos dejarle toda esta misión moral a la Policía Nacional. Tengamos presente que el mejor sistema de información lo tienen los vecinos que conocen a las personas, los movimientos de vehículos del lugar, particularmente en las zonas fronterizas.
El tomar conciencia de la gravedad del fenómeno es un gran paso para que esta mafia traficante de indocumentados en la pobreza, deje de usar nuestro territorio como corredor de sus fechorías.
* El autor es sociólogo.