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El crecimiento sostenido de la economía nicaragüense, entre el año 1950 y finales de la década del 70, fue impulsado por dos motores fuertes: el algodón y el café. El algodón empezó a fallar a principios de los años 80 y desapareció, dejando tierras asoladas y mucha pobreza en la región occidental. El otro motor, el café, ya comienza a estropearse y el país podría quedar varado en el camino, mientras no halle un remolcador emergente.
El precio internacional del café sigue cayendo y poco le falta para llegar a 50 dólares por quintal, en un desplome del 67 por ciento con relación al precio promedio de hace tres años que era de 150 dólares.
En diferentes épocas hemos oído que el precio del café sube y baja, por heladas o sobreproducción en Brasil y Colombia, pero ahora parece que el problema va para largo, porque nuevos países productores, asiáticos, entraron al mercado con una oferta superior a la de los más fuertes vendedores latinoamericanos.
El panorama se ve negro, porque en los departamentos de Jinotega, Matagalpa y Nueva Segovia, donde se produce más café, hay cientos de productores endeudados, miles de jornaleros sin empleo, actividades comerciales deprimidas y alcaldías con menos presupuestos por el descenso de la recaudación de impuestos.
Sin embargo, lo peligroso de la crisis es la falta de opciones productivas para poblaciones importantes del Norte de Nicaragua que por décadas han vivido del llamado grano de oro y hoy no saben qué hacer. En Jinotega y Matagalpa empleaban a 75 mil trabajadores permanentes, fuera de cosecha, pero más del 80 por ciento de ellos (60,000) ya están desocupados.
El gobierno anunció un “plan de salvación” que pretende aliviar las deudas de un sector de los caficultores y salvar a los bancos que los financiaron, pero el gran problema social y económico, que afecta a miles de familias, continuará y empeorará mientras los precios estén bajos y haya poca diversificación agrícola.
“No tenemos alternativa”, me dijo Frank Lanzas, representante de los caficultores matagalpinos. Alguien les sugirió sembrar naranjas y él se pregunta: “¿Quién nos va a dar el dinero para botar los plantíos de café, sembrar los naranjos y esperar seis años para que éstos produzcan?”.
Hace pocos años también consideraron la idea de combinar cafetos con nuez de macadamia que, al parecer, tiene buen mercado, pero los caficultores alegan que esta especie tarda 20 años para dar sus primeros frutos.
Los productores insisten en que el café será rentable a largo plazo, aún con sus bajones de precio, confiando en que las nuevas generaciones de China llegarán a beber más café que té. El riesgo sería que surjan nuevos países exportadores de café y con mejor tecnología. Lo mejor es, en todo caso, diversificar los cultivos poco a poco, desde ya, porque este “motor” se puede parar de pronto.