La desvalorización de la vida

Jairo Vanegas Ló[email protected]

Recién en Holanda se aprobó una ley la cual permitirá que los doctores den fin a la vida de un paciente sin posibilidades de recuperación o sea la denominada eutanasia. Los impulsores de la eutanasia en Holanda proponen que los médicos no sean quienes participen directamente en quitar la vida a un paciente, sino que sólo prescriban una “píldora suicida”, y que el paciente por su propia mano ejecute dicha acción.

Aún más, en la publicación del diario NRC Hadelsblad (CNN 15 de abril del 2001), refiere la Ministra de Salud de este país, quien está a favor y fue promotora de la ley de eutanasia, que “ella había conocido a dos personas de 95 años, que estaban verdaderamente hartas de la vida. Estaban completamente aburridas, pero desgraciadamente no estaban muertas de aburrimiento, porque morir era lo que realmente querían, ellas no quieren ser matadas por un médico, quieren hacerlo ellas mismas, como un último acto de voluntad”.

Al leer esto deberíamos reflexionar que la humanidad está tendiendo a desarrollar una concepción en la cual la vida ocupa una posición sumamente relativa en cuanto a su valor. Pareciera que los actuales descubrimientos respecto a la constitución del Mapa Genético en vez de conllevar a valorar más nuestra existencia, la está convirtiendo en algo más que frágil, fácil de disponer y dependiente de la voluntad de los individuos y por ende de la conciencia. Pero esta última, aún es un obstáculo, pues un individuo sin conciencia no tiene sentimiento de culpa y sin este se vive más feliz.

La vida humana tiene valor mientras no se convierta en carga a los demás, el aborto y la eutanasia son acciones que fortalecen una cultura de muerte, en la eutanasia encontramos nuevamente la retórica “yo decido”, la verdad que tanto uno como el otro son el producto de una sociedad cada vez más egoísta e insolidaria, donde lo único que importa es el “yo” y el tiempo inmediato, no nos interesa el futuro y menos la historia.

Eutanasia (palabra griega que significa “buena muerte”), término que por lo general se maneja de forma confusa, en general significa el hecho de provocar una muerte fácil y sin dolor a un paciente que está próximo a morir.

Pero la eutanasia al igual que el aborto no es un invento de estos tiempos, Adolfo Hitler estableció la eutanasia en octubre de 1939 y más de 80 mil pacientes con enfermedades mentales de Alemania y Australia, epilépticos, débiles mentales y personas deformes fueron ejecutadas en cámaras de gas entre 1940 y 1941. Otro ejemplo fue Napoleón, quien en el año 1779 pidió a su médico militar aplicar la eutanasia a soldados infectados con enfermedades contagiosas para frenar su expansión.

El problema moral de la eutanasia consiste en averiguar si cualquier autoridad privada o pública puede quitar la vida a una persona trátese de un niño, un adulto lisiado o de algún anciano. El punto esencial consiste en que la forma de matar no cambia el hecho básico de privar de la vida a alguien, sea ésta de forma brutal o sin dolor, esto no cambia la injusticia de violar su derecho básico a la vida. Dijo Hegel que la historia humana es el intento constante de justificar muchas cosas injustificables y dijo que nadie es medianamente inteligente si no es capaz de inventar razones para justificar cualquier cosa.

En la propuesta se habla de que el médico no participe directamente, sin embargo, él deberá recetar la píldora del suicidio, o sea, proporcionará el medio. Hipócrates padre de la medicina en su juramento refiere “No suministraré ningún fármaco mortal, aunque me lo pidan, ni haré semejante sugerencia”. En cuanto a lo de acto de voluntad, una persona que abraza el deseo de autodestruirse, motivada por la soledad, la desesperanza, el dolor, ¿realmente está en capacidad por sí misma de tomar tal decisión?.

Para una ética abierta a la trascendencia, la inmoralidad de la eutanasia es fácil de ver: Sólo Dios es dueño de la vida y de la muerte. Sin esa apertura a la trascendencia otras razones de peso confirman su carácter inmoral:

La práctica de la eutanasia, sólo ocasionaría la desvalorización de la vida humana. Podría encubrir intereses económicos, como por ejemplo una herencia. O encubriría homicidios intencionados. O provocaría la degradación de la práctica médica, apagando su vocación de cuidador de la vida.

La legislación permisiva es expansiva: las restricciones legales irían cayendo ante el empuje incontenible de la demanda utilitarista de eliminar vidas improductivas o molestas.

Finalmente deseo agregar que cuando el desarrollo humano se sustenta en la práctica de abortos y la eutanasia, el individuo deja de ser el objeto del mismo, y por lo tanto iniciamos un camino hacia nuestro propio exterminio. La lógica de una cultura fuertemente materialista, donde la vida humana se entiende en términos de placer y salud, facilitan y llevan a considerar la supresión de vidas consideradas sin valor. Sería conveniente revisar entonces nuestro índice de desarrollo humano y ver cuál es la posición que ocupa el valor de la vida humana.

* Master en Salud Pública, Ambiente y Desarrollo Humano.  

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