La Resolución de Ginebra

Con una precaria mayoría la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que tiene su sede en Ginebra, Suiza, aprobó el miércoles de esta semana la resolución anual de censura al régimen comunista de Cuba, por violaciones a los derechos humanos.

En efecto, cada año se hace más difícil aprobar la condena internacional contra Cuba por violación a los derechos humanos. Tal como lo informamos ayer, la resolución de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU contra Cuba fue aprobada el miércoles de esta semana con 22 votos a favor, 20 en contra y 10 abstenciones.

Por cierto que la resolución ginebrina sobre la violación de derechos humanos en Cuba se viene aprobando cada año, desde 1990, salvo en 1998 cuando fue rechazada porque hubo una abstención de la mayor parte de los países miembros de la Comisión. Y ahora la resolución también estuvo a punto de naufragar, después que algunos países intentaron atenuarla al proponer un párrafo en el que se solicitaría a Estados Unidos suspender el embargo económico y comercial contra el régimen de La Habana que impuso desde principios de los años sesenta del siglo recién pasado.

Este año Nicaragua no participa activamente en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, que está integrada en forma rotativa por 53 países miembros de la ONU. Sin embargo el gobierno nicaragüense fue uno de los promotores de la resolución de condena al gobierno cubano, por violaciones a los derechos humanos, que se aprobó el miércoles 18 de abril en Ginebra.

En realidad, desde que en 1997 el doctor Arnoldo Alemán asumió la Presidencia de la República, el Gobierno de Nicaragua ha mantenido una actitud beligerante frente al régimen comunista de Fidel Castro. Inclusive, uno de los miembros de la delegación oficial nicaragüense ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU es el ciudadano cubano-norteamericano Luis Zúñiga, director de la Fundación Cubano-Americana, quien ha sido acusado por las autoridades cubanas de haber participado en actividades terroristas contra Cuba.

Pero la verdad es que no es ilegal, aunque tampoco es normal ni se ve bien en los círculos políticos y diplomáticos, que una persona extranjera forme parte de la delegación oficial de Nicaragua ante un organismo internacional, en este caso ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. La representación de Nicaragua en esa çomisión debería estar, igual que las de todos los países, integrada exclusivamente por ciudadanos nicaragüenses. Inclusive, para manifestar solidaridad con las personas cubanas que sufren las violaciones de derechos humanos, sería mucho más convincente y digno que Nicaragua lo hiciera por medio de representantes nicaragüenses, como lo hace la República Checa por medio de representantes checos, y Costa Rica a través de delegados costarricenses.

Es justo y necesario que el Gobierno de Nicaragua condene las violaciones de derechos humanos en Cuba, lo mismo que en cualquier otro país del mundo, y que se solidarice con los pueblos y con las personas que sufren bajo el yugo de dictaduras y tiranías, cualquiera que sea su signo ideológico y su orientación política. No se puede aceptar como válida la tesis de que las violaciones de los derechos humanos son asuntos domésticos de cada Estado. Ninguna dictadura debe escudarse en los principios de la no intervención y la soberanía nacional, para atentar impunemente contra la libertad y la dignidad humana de sus pueblos y ciudadanos.

Los nicaragüenses tenemos obligación moral de ser solidarios con todos los pueblos que, como el cubano, sufren por la falta de libertad y la violación de sus derechos humanos. Durante las dictaduras —somocista, primero y sandinista, después— la mayoría de los nicaragüenses esperábamos con ansias que éstas fuesen condenadas en los foros internacionales, y aplaudíamos agradecidos y emocionados a los gobiernos extranjeros que se solidarizaban con nosotros. Sin dudas que esas mismas ansias y esperanzas sienten los cubanos que sufren la violación sistemática y consuetudinaria de sus derechos humanos, al conocer resoluciones como la que adoptó el miércoles pasado la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. No debemos olvidarlo.  

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