Luis Humberto Guzmán*
Los dos últimos cambios de siglo de Nicaragua ocurrieron bajo gobiernos liberales, mil novecientos bajo José Santos Zelaya y dos mil bajo Arnoldo Alemán. Establecer las diferencias y las semejanzas entre la agenda de nuestros antepasados y la nuestra nos permite encarar con lucidez los temas pendientes para el siglo 21.
En mil novecientos Nicaragua registraba como asuntos pendientes de solución lo siguiente: 1. Implantación de la democracia, 2. Organización de unas Fuerzas Armadas y de Policía Nacional, 3. La Unión Centroamericana, 4. Canal por Nicaragua y 5. Relaciones conflictivas entre el Estado y la Iglesia Católica.
La validez del voto se originó en 1984 con unas elecciones boicoteadas por un sector de la oposición nicaragüense, pero que se celebraron más ordenadamente y con unas reglas electorales más justas y equitativas que las del año 2000. Dicho sea de paso un análisis medianamente atento de los resultados de estas elecciones arrojan que el Frente Sandinista en 1984 apenas arañaba una mayoría relativa. Las sucesivas elecciones desde 1990, 1996 y las del año 2000, más las elecciones regionales del Atlántico constituyen las únicas elecciones competitivas de Nicaragua durante todo el siglo pasado. Entre 1900 y 1999, los gobiernos liberales nunca reconocieron haber perdido una sola elección, acaso la carencia democrática sea el rasgo común más sobresaliente de todos los gobiernos liberales de Nicaragua durante el siglo veinte.
La organización de un Ejército y una Policía Nacional sin vínculos partidistas, es uno de los mayores cambios ocurridos entre mil novecientos y el dos mil. Esta institucionalización se originó con el cambio de gobierno de 1990, momentos en que empezó la transformación del Ejército Popular Sandinista, ejército partidario, hacia el Ejército de Nicaragua, como un ejército nacional depurado de subordinación partidista, subordinado a la autoridad civil y sin injerencia en la política nacional.
La Unión Centroamericana pasa por uno de sus puntos más bajos de los últimos diez años, los conflictos por razones fronterizas y controversias de soberanía han abierto una espiral peligrosa, en donde han prevalecido los hechos, los llamados poderes fácticos sobre las instituciones. El Parlamento Centroamericano no ha podido desempeñar un rol para resolver esta crisis y las resoluciones de la Corte Centroamericana de Justicia han sido abiertamente desconocidas, los acuerdos comerciales han quedado prácticamente anulados y Honduras está procediendo a rearmar su ejército. En realidad no se advierte que ninguno de los gobiernos de la región esté convencido verdaderamente sobre las bondades y ventajas de la integración.
El Canal por Nicaragua, según Eduardo Zepeda Henríquez, constituye un mito de la historia nicaragüense, remontado a los tiempos de Cristóbal Colón. Durante los cien años del siglo pasado el Canal por Nicaragua ha estado en nuestra agenda nacional, y ha irrumpido en el siglo XXI con renovado vigor, políticos y empresarios de diversas ideologías han organizado varias empresas que están apostando por la construcción del canal por Nicaragua, todos presentándolo como una gran panacea capaz de resolver los más agudos problemas de Nicaragua.
La realidad es que el canal es un mito arraigado en nuestra historia que ha involucrado en el transcurso del tiempo a países como Estados Unidos, Alemania, Francia y Japón, y a personalidades como Teodoro Roosevelt y Napoleón Bonaparte, más de una vez hemos apostado nuestro futuro a la construcción del Canal sea hídrico o ferroviario, tal vez por su dimensión mitológica es uno de esos proyectos que asombrosamente producen unanimidad en la sociedad nicaragüense.
Las relaciones entre el Estado y la Iglesia Católica se han transformado considerablemente, se pasó de un período de hostilidad y conflicto en el Gobierno de Zelaya a una relación armoniosa entre la Iglesia Católica y el Gobierno del doctor Arnoldo Alemán, dicho sea de paso ahora la Iglesia Católica es un referente muy importante en la política nacional.
Las huellas del siglo XX, registran que la sociedad nicaragüense ha resuelto en las postrimerías del siglo la validez del voto y la institucionalización de las fuerzas armadas. Se transformaron las relaciones Estado-Iglesia del conflicto a la cooperación, pero continúa pendiente la solución sobre la integración centroamericana y un desenlace práctico y racional sobre el tema canalero.
La contribución del Partido Liberal a la validez del voto y a la organización de un Ejército Nacional es nula. A pesar de haber gobernado Nicaragua el Partido Liberal la mayor parte del siglo XX no sólo no contribuyó a construir un régimen democrático sino que carga con la responsabilidad de haber instaurado una dictadura sangrienta, la profesionalización de las fuerzas armadas también ocurrió a pesar del Partido Liberal, la aprobación del Código Militar en la Asamblea Nacional ocurrió a pesar del doctor Alemán y su partido, y durante toda su gestión presidencial hasta ahora no ha emprendido ninguna iniciativa para incrementar la profesionalización de las fuerzas armadas y su subordinación a la autoridad civil.
Al iniciar el siglo XXI Nicaragua continúa arrastrando algunos temas viejos como la pobreza creciente y la debilidad de sus instituciones políticas, a estos temas se agregan ahora asuntos de medio ambiente, modernización de la educación, solución de problemas energéticos, entre otros. La solución de estos problemas requiere de nuevas políticas y nuevos estilos de hacer política.
Algunos siquiatras definen la locura como hacer siempre lo mismo esperando resultados diferentes, con justa razón Alejandro Serrano ha citado a Octavio Paz demandando respuestas nuevas para las viejas y nuevas preguntas. Es una locura continuar haciendo lo mismo y esperando que Nicaragua resuelva su crisis. Es la hora de construir tiempos nuevos, mejorando la calidad de la política, haciendo que ésta no sea el arte de lo posible sino el arte de construir posibilidades. Esa es la exigencia del siglo XXI para Nicaragua y para su liderazgo político.
* El autor es directivo de la Unidad Social Cristiana (USC).