A juzgar por lo que se dijo en el comunicado de la minicumbre de los presidentes de Nicaragua, Honduras y El Salvador, celebrada el viernes pasado en Pochomil; y según lo que explicó al final de dicha reunión el mandatario salvadoreño Francisco Flores -quien compareció como vocero de él mismo y de sus colegas-, el resultado fue exitoso para la parte nicaragüense.
Sin embargo lo más importantes es que la mini cumbre de Pochomil fue un triunfo centroamericano, pues cualquier avance hacia la solución negociada y política de las controversias y conflictos entre los gobiernos del área, es provechoso para los intereses de Centroamérica. Realmente, lo que menos conviene a esta región azotada históricamente por desastres naturales, violencia, malos gobiernos, extrema pobreza y corrupción, es que las contradicciones entre los países se agudicen y, peor aún, que se conviertan en conflictos armados.
Como los medios de prensa no tuvieron acceso a las negociaciones tripartitas de alto nivel, para opinar sobre sus resultados es necesario tratar de leer entre líneas la “Declaración de Pochomil”, así como las explicaciones que brindó en su nombre y en el de sus colegas nicaragüense y hondureño, el presidente de El Salvador, Francisco Flores.
Es obvio que la minicumbre de Pochomil resultó exitosa ante todo para Nicaragua, pues aunque no se dijera expresamente en la Declaración oficial, el gobierno de Honduras se comprometió a respetar el acuerdo de la Comisión de Seguridad de Centroamérica para el mantenimiento de un equilibrio militar en la región, el cual, según la denuncia nicaragüense que motivó la reunión de Pochomil, estaba siendo violado por la parte hondureña.
Al respecto es muy importante el compromiso que asumió Honduras –igual que Nicaragua y El Salvador- de presentar en la próxima reunión de la Comisión de Seguridad de Centroamérica (4 de abril, en El Salvador) el “inventario de los medios navales, aéreos y terrestres y de seguridad pública, así como los presupuestos y la composición de sus fuerzas armadas, organización de instalaciones, materiales y equipos, de manera completa, transparente y verificable”. Además, Honduras se comprometió, igual que los otros dos países, a “notificar por escrito a las demás partes, por la vía diplomática, con no menos de treinta días de antelación, toda maniobra, desplazamiento, ejercicio o movimiento militar no administrativo, e invitar a las partes para que presencien el desarrollo de las maniobras”.
Afortunadamente para Nicaragua, no se discutió en el cónclave de Pochomil la sugerencia del Presidente Alemán, de explotar conjuntamente con Honduras, en beneficio común, los recursos marinos que hay en la zona situada entre los paralelos 15 al 17, que nuestro país reclama como propia pero que el gobierno hondureño entregó a Colombia por medio de un Tratado de fronteras marítimas.
Esa propuesta que el Presidente Alemán lanzó inopinadamente hace algunos días, puede ser muy centroamericanista, pero es inconveniente, extemporánea y desafortunada, porque podría perjudicar la demanda judicial que el mismo gobierno nicaragüense tiene planteada contra Honduras en el tribunal internacional de La Haya, por el mencionado Tratado que el gobierno hondureño suscribió con Colombia en detrimento de los derechos e intereses territoriales nicaragüenses.
En realidad, la propuesta del Presidente Alemán sólo podría ser viable si a cambio de ella el gobierno hondureño renunciara a su Tratado de límites marítimos con Colombia, el que suscribió sin tomar en cuenta la opinión ni los intereses del “hermano” nicaragüense y a sabiendas de que con él dañaría la soberanía, los derechos y la dignidad nacional de Nicaragua.
Sin dudas que estos conflictos distancian a los gobiernos de Nicaragua y Honduras y dañan las relaciones entre sus pueblos, que no sólo son vecinos sino también hermanos. E indican, estos conflictos, que la integración centroamericana soñada por los próceres de la independencia sigue siendo un sueño, a lo sumo un motivo de discursos, lejos aún de convertirse en realidad a pesar de los grandes beneficios que traería para todos una verdadera integración centroamericana basada en la igualdad, la confianza y la lealtad entre naciones que tienen más rasgos comunes que diferencias, y que están condenadas a vivir para siempre una al lado de otra.