La controversia de la dolarización

El foro sobre dolarización que celebraron la Cámara de Comercio de Nicaragua y el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), el miércoles de esta semana, puso de manifiesto la sensibilidad controversial de este tema que es de singular importancia para la economía nacional y para todos los nicaragüenses.

En realidad, no sólo en Nicaragua y en los países que decidieron dolarizar oficialmente sus economías, como Ecuador y El Salvador, se discute intensamente sobre el tema. La dolarización, o la creación de unidades monetarias internacionales, es una consecuencia inevitable de la globalización económica y comercial que avanza a pasos agigantados en todas partes del mundo, de la cual no quedan fuera ni siquiera los países de economías más débiles y dependientes, como Nicaragua.

En la Unión Europea, como se sabe, la necesidad de adoptar una moneda común se comenzó a discutir hace más de treinta años. La moneda euro fue admitida por casi todos los países miembros de la Unión desde el uno de enero de 1999 y ahora se está introduciendo en la vida cotidiana mediante un proceso de acomodo que durará hasta el próximo año. En Asia, la Asociación de Países del Sureste Asiático (Asean) también acordó poner en marcha el proceso de adopción de una moneda común para todos los países miembros; y en Sudamérica, los países del Mercosur igualmente avanzan en el debate disyuntivo sobre la conveniencia y viabilidad de dolarizar sus economías o adoptar una moneda común. Al respecto, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha dicho, por medio de su presidente, el uruguayo Enrique Iglesias, que “el tema es complejo y delicado y que más que pensar en dolarizar, es mejor pensar en una moneda única latinoamericana, que sin duda contribuiría a la integración regional y obligaría, como ha ocurrido con el euro, a una disciplina económica, muy saludable”.

Respecto a Nicaragua, hemos dicho anteriormente que la dolarización no es una cuestión que se debe rechazar ni aceptar apriorísticamente, ni por razones políticas ni debido a prejuicios ideológicos, sino que el tema debe abrirse a una amplia discusión de todos los sectores económicos, políticos, gremiales y sociales del país. Y la verdad es que el foro del miércoles recién pasado demostró, a juzgar por las informaciones, que tanto los argumentos a favor de la dolarización, como los contrarios son razonables, importantes y atendibles.

Los partidarios de la dolarización argumentan que fortalecería la confianza de los inversionistas extranjeros, que haría desaparecer el riesgo de devaluación monetaria, que garantizaría la disciplina fiscal y financiera, que reduciría los tipos de interés, etc. Y advierten, además, que de todas manera la economía nicaragüense ya está dolarizada, de hecho, pero sin percibir sus beneficios.

Por su parte, los adversarios de la dolarización invocan el principio de soberanía nacional. Señalan que con la dolarización el Estado perdería su capacidad de practicar y controlar una política monetaria nacional, que el gobierno no podría ejercer su influencia reguladora sobre el sector financiero (lo cual, dicen, es vital en la vida económica del país), que el tamaño de la economía nicaragüense es demasiado pequeño y no tendría capacidad de soportar el inmenso peso de la dolarización, e inclusive, que la dolarización beneficiaría a los ricos pero perjudicaría a los pobres.

Evidentemente, la dolarización es un tema complejo que amerita profundas reflexiones y amplias discusiones. Pero la verdad es que los ciudadanos en general perciben que para ellos la adopción de la moneda norteamericana sería favorable para sus intereses, pues no pueden entender por qué los precios de todos los artículos, bienes y servicios aumentan constantemente por los ajustes que obliga la dolarización, ni entienden que los altos funcionarios públicos se paguen en dólares sus jugosos sueldos, dietas y otros beneficios, mientras que los salarios de los trabajadores se mantienen cordobizados y se “deslizan” continuamente hacia abajo.

¿Por qué si los precios se dolarizan y los de arriba reciben sus beneficios en dólares, a los de abajo no se les paga también sus salarios con la misma moneda? Esta interrogante deben responderla las autoridades económicas, los empresarios, los economistas y los expertos en políticas monetarias.  

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