León Núñez*
Yo me alegré con la votación secreta en “El Chile” porque la consideré como el primer avance en el proceso de democratización interna del PLC, pero la forma vladimirizada con que fue dirigida la Gran Convención del Partido Liberal Constitucionalista el 28 de enero pasado, en lo relacionado con la mal llamada “elección” de la Junta Directiva, demostró que el avance que vi en la finca del “Presidente honorario” no fue más que un espejismo político.
Fue triste observar la manera atropellada y dictatorial con que el “Presidente honorario” ejerció el chantaje contra los convencionales que son empleados públicos así como contra los convencionales que no lo son pero que aspiran a serlo. La “votación” ni siquiera se hizo individualmente a mano alzada, sino que por cada departamento el “convencional-empleado” de más confianza del “Presidente honorario” era el encargado de informar en alta voz el número de convencionales de “su departamento” que estaban a favor o en contra de la Junta Directiva “propuesta” por don Heriberto Gadea Mantilla.
El colmo de la actitud ofensiva, de soberbia y prepotencia, del “Presidente honorario”, fue la orden que dio para que no se concediera la palabra a los diecisiete convencionales que la habíamos pedido,, entre los cuales estaba Eduardo Montealegre. Naturalmente que la “bola recia” no se hizo esperar: el “Presidente honorario”, para evitar algo “desagradable” que pudiera producirse, ordenó a Vladimiro Montesinos que inmediatamente se pusiera en escena el simulacro de votación, para así consumar la pantomima.
Actualmente el “Presidente honorario” está diseñando las marrullas que le servirán para burlarse nuevamente del PLC. Pero las marrullas son las mismas. Sus trampas se han vuelto muy repetitivas. Todos sabemos que él y Vladimiro están elaborando la lista de los candidatos a diputados por el Partido Liberal Constitucionalista. Todo esto demuestra que el “Presidente honorario” siente un fujimorezco desprecio hacia la inmensa mayoría de liberales que aspiramos a la democratización interna del PLC.
¿Cuáles son los criterios “políticos” que utiliza el “Presidente honorario” para escoger a los candidatos a “Padres de la Patria”? La escogencia la va a hacer, en primer lugar, entre los que forman parte de su círculo de amigotes y familiares; en segundo lugar, la escogencia la va a llevar a cabo entre presidentes de entes autónomos, ex ministros y diputados que hayan demostrado con entusiasmo y sin titubeos de ninguna clase que han tenido, tienen y tendrán para con el “Presidente honorario”, el hábito “saludable y distinguido de la obediencia”, y en tercer lugar, la escogencia la va a realizar entre algunos políticos aldeanos y entre algunos políticos provincianos que le garanticen, en forma arrastrada, la “lealtad canina” que exigía el General Tiburcio Carías.
Yo considero que los convencionales, en aras de la democratización interna del PLC, debemos oponernos a la conducta vladimirezca, antiliberal y antidemocrática del “Presidente honorario”; debemos oponernos a la vladimirización del Partido Liberal Constitucionalista, descubierta genialmente por el doctor José Rizo Castellón.
También el ingeniero Enrique Bolaños debe oponerse a cualquier forma antidemocrática de escogencia de candidatos a diputados por el PLC. Los candidatos a diputados deben ser electos mediante elecciones primarias. La posición que tome don Enrique -que debe hacerla pública- con relación a la pretensión del “Presidente honorario” de escoger a los candidatos a diputados por el PLC, será una buena “prueba de fuego” para el ingeniero Bolaños.
Es importante que don Enrique sepa que el pueblo está atento a todas sus palabras; a todos sus movimientos, a todas sus decisiones. Y que lo peor que puede pasarle a Nicaragua, al liberalismo y al propio don Enrique, es que la gente piense que el candidato presidencial del PLC no es ni más ni menos que un pelele del “Presidente honorario”. Entonces, si el pueblo nicaragüense llegara a pensar así, el próximo cuatro de noviembre los electores castigarían a don Enrique con un tercer lugar, en cuyo caso, la Presidencia de la República vendría a ser disputada en una segunda vuelta electoral entre el doctor Noel Vidaurre Argüello y el Bachiller Daniel Ortega Saavedra. ¡Ojo don Enrique!
* El autor es abogado y escritor.