Edgard Paguaga*
Nicaragua es un país de jóvenes, de cada 100 nicaragüenses, 60 son menores de 30 años, estos jóvenes necesitan líderes en los cuales creer, líderes que encarnen los auténticos ideales de la nación y les den esperanzas. La mayoría de los jóvenes no creen en los políticos porque no hemos adecuado nuestro discurso y nuestra manera de hacer política, a los nuevos tiempos que la juventud reclama.
Los líderes son antes que ninguna otra cosa, agentes de cambio, personas cuyos actos afectan a otras personas. Para ejercer esta influencia, el líder no requiere necesariamente de un cargo o una jefatura, puede tenerlo, pero también puede estar en una posición subalterna. El líder se conoce a sí mismo, trae claridad a la confusión.
Estamos entrando en una campaña electoral que podría marcar el destino definitivo de nuestra patria, la posibilidad de tomar un nuevo rumbo, o la posibilidad de quedarnos con más de lo mismo, y debemos encarar la campaña con las cualidades que los ciudadanos esperan de sus líderes, si es que logramos traspasar el umbral de la desconfianza para trasmitir mística y fe a los indecisos e indiferentes.
Nos hemos convertido en una esperanza porque durante los últimos nueve años hemos mantenido un mensaje de unidad interna y hemos sido consecuentes con tres principios básicos que la Nueva Generación Conservadora se planteó en 1992; 1) Darle prioridad a los problemas del país y no a los intereses políticos; 2) Mantener contacto con la gente en el terreno y no desde el escritorio; y 3) Transparencia en nuestras actuaciones. Hoy, debemos seguir siendo consecuentes, actuar con coherencia y claridad para resolver los problemas de la gente y no dedicarnos a las peleas y enfrentamientos con otros políticos.
Debemos alejarnos de los pleitos interminables entre partidos y entre políticos, para que podamos devolverle el interés y la esperanza a los ciudadanos. Para nosotros los temas sociales y los problemas de la gente son nuestra primera prioridad.
La Nación entera debe involucrarse en el Plan de Gobierno del Partido Conservador, no más planes de gobierno redactados por expertos que desde una oficina determinan cuáles son las soluciones a los problemas del país; vamos a gobernar con las prioridades de la gente, vamos a tomar decisiones profundamente democráticas, con autoridades siempre dispuestas a escuchar a la gente.
El verdadero y más profundo sentido que puede tener la política está en el servicio público. En el esfuerzo serio y a fondo por solucionar los problemas reales de las personas. En ese espíritu que recoge lo mejor de nuestras tradiciones: un gobierno austero, transparente, que busca el bien común de la Nación. Que garantiza y promueve la libertad personal y la economía social de mercado. Que inspirado en los principios del humanismo cristiano trabaja por la igualdad de oportunidades.
El desafío es grande y difícil, pero se puede lograr si empleamos todas las energías y capacidades del país. Si revitalizamos el espíritu creador y emprendedor que está presente en todos los nicaragüenses. Si fortalecemos las instituciones que alientan ese espíritu y posibilitan el mejor uso de los recursos que el país posee.
Debemos corregir también los vicios en que han caído los gobiernos anteriores, como la corrupción, el nepotismo, el cuoteo partidista que lamentablemente llena las oficinas públicas solamente de miembros del Partido que gobierna. Eso es lo que tiene que cambiar.
El Estado debe estar al servicio de las personas y no al revés. Lo que nos falta es darle a los problemas de los más necesitados la relevancia y urgencia que tienen para ellos. Las autoridades del gobierno no pueden estar encerradas en sus oficinas, tienen que estar cerca de la gente, cerca de sus problemas y necesidades.
El destino nos enfrenta en los tiempos que corren a desafíos de gran envergadura que una vez más ponen a prueba nuestro futuro como Nación, como Sociedad y como Partido.
El futuro, como el pasado, no será fácil, pero el éxito premia a quienes perseveran, aún en la adversidad. Los conservadores sabemos que en el horizonte de la política nacional estamos llamados a cumplir un destino histórico, que se forja en el trabajo, en el éxito y en la adversidad, que trasciende a los hombres, por ello el Partido Conservador, más que un Partido, es un nuevo rumbo para servir a Nicaragua.
* Secretario político del Partido Conservador.