Los primeros obispos

El descubrimiento y rescate de los restos de los tres primeros obispos de Nicaragua -Diego Alvarez Osorio, Francisco de Mendavia y Antonio de Valdivieso-, gracias al esfuerzo del Instituto Nicaragüense de Turismo (INC), es un logro encomiable que merece el reconocimiento de toda la sociedad nicaragüense.

En realidad, la recuperación y exaltación de los restos de esos ilustres personajes es una formidable hazaña cultural que, además, ha potenciado la rehabilitación histórica de León Viejo, la desaparecida ciudad que fundó Francisco Hernández de Córdoba y donde ocurrieron los trágicos acontecimientos que rodearon el doloroso alumbramiento de la nación y el Estado de Nicaragua. León Viejo, como se sabe, recientemente fue incluida por la UNESCO entre los lugares que son Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Cualquiera que sea el enfoque ideológico con que se enjuicie el rol de España en la formación de la nación y el Estado de Nicaragua, es innegable la importancia histórica, tanto positiva como negativa, que tuvieron los hechos relevantes ocurridos durante el período fundacional de Nicaragua: el descubrimiento y la conquista española, la fundación de las primeras ciudades, el exterminio de los aborígenes, la cristianización de los indios, el comienzo del mestizaje, las despiadadas luchas por el poder, etc.

Tampoco se puede desconocer que la nación nicaragüense se formó en lo fundamental, sobre la base del mestizaje indohispánico, sin perjuicio de la permanencia de diversas comunidades indígenas y etnias en la Costa Atlántica y regiones del Pacífico y Centro del país. “El pueblo de Nicaragua es de naturaleza multiétnica y parte integrante de la nación centroamericana”, proclama con solemnidad definitoria la Constitución Política de la República de Nicaragua (artículo 8).

Por otro lado, tampoco se puede desconocer el aporte esencial de la cristianización de los pueblos aborígenes a la formación espiritual y cultural de la sociedad nicaragüense actual, y por lo consiguiente, la singular importancia de la obra evangelizadora de los primeros sacerdotes católicos españoles, que llegaron a estas tierras para convivir con los nativos y convertirlos a la nueva fe que ahora es compartida prácticamente por toda la población de Nicaragua.

Además, las discusiones de corte racista -indigenistas, mesticistas o hispanistas- sobre la supuesta supremacía de lo indígena, lo mestizo o lo español, han comenzado a perder relevancia desde que los resultados de las investigaciones científicas sobre el “genoma humano”, vinieron a pulverizar las viejas concepciones sobre las razas supuestamente diferentes y superiores unas en relación con otras, al determinar dichos descubrimientos que sólo el 0.01 por ciento de los genes influyen en la determinación de cada etnia. O sea, que a partir de ahora la raza es sólo un concepto histórico y social, no científico, al demostrarse que todos los pueblos son fundamentalmente iguales y forman parte de una sola familia, que es la humanidad.

Volviendo al caso del descubrimiento y exaltación de los restos de los tres primeros obispos católicos de Nicaragua, que ejercieron sus gobiernos eclesiásticos entre 1527 y 1550, es necesario señalar al respecto que las autoridades culturales deben esforzarse también en tratar de recuperar al menos el conocimiento sobre el destino de los primeros sacerdotes españoles que llegaron a Nicaragua: Fray Alejandro, de la Orden Fanciscana, quien acompañó a Cristóbal Colón en su cuarto y último viaje, en 1502, cuando descubrió Nicaragua, aunque según el historiador eclesial Edgar Zúñiga no hay evidencia de que hubiese pisado suelo nicaragüense; y el padre Diego de Agüero, quien vino a Nicaragua en abril de 1523 y bendijo la fundación de León, en junio de 1524, y de Granada, el 8 de diciembre del mismo año. Eso significaría, sin dudas, otro gran aporte al conocimiento de la génesis histórica de la actual nación nicaragüense.

La exaltación de la memoria de los padres fundadores de la religiosidad nicaragüense no significa de ninguna manera menospreciar el valor histórico-cultural de las antiguas creencias de nuestros antepasados aborígenes y de los héroes indígenas de la época prehispánica y del período de la conquista española. Esos esfuerzos en su conjunto fortalecen el acervo cultural común de todos los nicaragüenses, que en términos generales formamos una sola familia nacional sin perjuicio de los linajes indígena, mestizo o europeo de los que cada quien tenga a bien enorgullecerse.  

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