Unión contra la colegiación

Elba Gutiérrez H.*

La “Ley Creadora del Colegio de Periodistas de Nicaragua” lesiona varios artículos de la Constitución Política de la República entre ellos el 30: “Los nicaragüenses tienen derecho a expresar libremente su pensamiento en público o privado, individual o colectivamente, en forma oral o escrita o por cualquier otro medio”. También el derecho a la libre organización, protegido por el Art. 49, y además el Art. 66: “Los nicaragüenses tienen derecho a información veraz. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas, ya sea de manera oral, por escrito, gráficamente o por cualquier otro procedimiento de su elección”.

Desde los años noventa, cuando oí hablar de la creación de un “Colegio de Periodistas” me sentí profundamente indignada, porque para mí la libertad de prensa y expresión son derechos universales de todos los ciudadanos. Por eso comparto la posición de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), de que “el periodismo es la manifestación primaria y principal de la libertad de expresión del pensamiento, y por esa razón, no puede concebirse meramente como la prestación de servicios al público a través de unos conocimientos o captación adquiridos en una universidad por quienes están inscritos en un determinado Colegio profesional, como podría suceder con otras profesiones, pues está vinculada con la libertad de expresión que es inherente a todo ser humano”.

Conversando con personas de diferentes ideologías me aseguraban que ahora es el momento menos oportuno para aprobar una ley de regulación del periodismo, y que es repugnante y bochornoso decir que este Colegio garantizará nuestras libertades, cuando lo que se dice es que para poder ejercer la profesión será necesaria una credencial del mismo. Y es terrible ver en dicha ley que quien ejerza la profesión “ilegalmente” será sancionado por vagancia. ¡Qué términos más odiosos para quienes dignamente sobrevivimos de esta profesión!

Manifiesto mi repudio total a esta ley aunque soy egresada de la Escuela de Periodismo de la Universidad Centroamericana y me desempeño como secretaria de la Junta Directiva de la Asociación de Periodistas de Nicaragua (APN). También quiero decir que en los años noventa me fue negada una casa (en la Colonia del Periodista) por personas que manejaban dicho Proyecto Habitacional.

A partir de la aprobación de la “Ley Creadora del Colegio de Periodistas de Nicaragua” los hombres y mujeres de prensa tendremos que recurrir ante la Corte Suprema de Justicia con un recurso de inconstitucionalidad, y apelar a los llamados Padres de la Patria, los diputados, a que demuestren si aman la democracia, cuando introduzcamos una iniciativa para derogar dicha ley.

Como directiva de la APN me comprometo, desde la puesta en vigencia de dicha ley, a llevar a cabo acciones con otros colegas, sin distingo de colores políticos, recurriendo al Poder Judicial y al Legislativo para impedir la aplicación de una ley que menoscaba nuestras libertades.

El Colegio viene a terminar con organizaciones gremiales que surgieron por necesidades históricas de cada época, por esa razón elevo mi voz de alerta y pido, por el amor que tenemos a nuestras organizaciones, tanto la APN) como la UPN, que libremos otra batalla y digamos mediante acciones ¡NO A LA COLEGIACIÓN!, porque coarta para cualquier persona la indispensable libertad de expresión.

Algunos afirman que quien teme al Colegio es porque no se considera profesional o porque no ostenta ningún título. Sobre esto diré que a pesar de venir de aulas universitarias reconozco que los mejores periodistas de la historia del mundo no andaban un título periodístico, entre ellos el Príncipe de las Letras Castellanas, Rubén Darío, y otros más que aquí en Nicaragua han hecho historia y son profesores en la universidad sin tener título.

Espero que, con la ayuda de Dios, los magistrados se pongan la mano en la conciencia y no le den cabida a dicha ley, porque pasarían a la historia como represores de la libertad de prensa y expresión y pondrían fin a una conquista por la que luchamos desde la década de los ochenta un grupo valiente de periodistas: la defensa a la libertad de prensa y expresión y el NO a la Censura venga de donde venga.

Finalizo diciendo que desde hoy me considero “vaga” porque no me inscribiré en un Colegio que llamará vagos a las personas que defiendan sus derechos constitucionales de informar y estar informado.

* La autora es secretaria de la Junta Directiva de la APN y es periodista de radio El Pensamiento y consultorías internacionales.  

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