¿“Paz Fría” en vez de “Guerra Fría”?

Anatoliy Kuznetsov*

En estos días se cumple un aniversario triste. El 5 de marzo de 1946, en el colegio Eatiminster de la ciudad de Fulton (Estado de Missouri), el ex primer ministro de Gran Bretaña, Churchill, pronunció el discurso declarando que sobre el mundo se cernía la amenaza directa de la nueva guerra mundial y afirmó que tal amenaza partía de la Unión Soviética y del movimiento comunista internacional. Winston Churchill sugirió emplear la fuerza contra la URSS, insistiendo en hacerlo sin demora alguna.

Así comenzó la “guerra fría”, período de confrontación entre dos sistemas sociopolíticos que duró cuarenta años y estuvo acompañado de la carrera armamentista jamás conocida por la humanidad. Especial inquietud suscitaba en el mundo la carrera de armas nucleares, protagonizada por Estados Unidos y la Unión Soviética. Para mediados de los años ochenta, ambas partes disponían de ingentes artesanales de las cargas nucleares y de los vectores tácticos y estratégicos. Las pruebas nucleares de experimentación no dejaban de sacudir al planeta. Para el año 1990, el número de ensayos atómicos, realizado por EE.UU. y la URSS, totalizó 2000.

En el contexto de paridad de los artesanales nucleares, que tenía la URSS y los EE.UU. ninguna de las partes podría salir victoriosa de la contienda atómica hipotética. Se hacía cada vez más evidente la necesidad de dejar de balancear al borde del abismo nuclear y de sentarse a negociar los acuerdos que establecieran las limitaciones sobre los arsenales nucleares a disposición de ambas partes.

En este camino los jalones más importantes fueron los acuerdos soviético-norteamericanos sobre la limitación y reducción de las armas estratégicas (SALT-1 y SALT-2), así como el tratado sobre la limitación de los Sistemas de Defensa Antibalística (ABM) que en mayo de 1972 suscribieron en Moscú el dirigente ruso Leonid Brezhnev y el presidente estadounidense Richard Nixon. Este documento prohibía a las partes crear los sistemas de defensa antimisiles en sus respectivos territorios nacionales y sentar bases para el despliegue de tales sistemas. También tuvo enorme importancia el Tratado START-1, firmado en julio de 1991 por Mijail Gorbachov y George Bush, por el cual los dos países se comprometían a reducir en un tercio sus arsenales nucleares.

El cese de la “guerra fría”, tras la desintegración de la URSS y la desaparición del Pacto Varsovia, ofreció a EE.UU. y a Rusia nuevas posibilidades de llevar adelante la empresa de desarme nuclear. En enero de 1993, los presidentes Boris Yeltsin y George Bush estamparon sus firmas al pie del Tratado START-2, dando el visto bueno para reducir en dos tercios el número de misiles rusos y norteamericanos.

Pareció que “la guerra fría” ya terminó para siempre y se quedó en la historia. No obstante, la evolución de los acontecimientos en la segunda mitad de la década del noventa puso al descubierto que Washington no estaba listo para desarrollar tal cooperación con Rusia y relegar al olvido el modo de actuar propio del período de la “guerra fría”. Haciendo declaraciones verbales sobre su deseo de fomentar con Moscú las relaciones en pie del principio de igualdad, la Administración de Clinton, al mismo tiempo, trataba de arreglar los problemas internacionales y regionales más importantes según su propio parecer. A título de ejemplo, basta con mencionar los casos de Bosnia, Kosovo e Irak. La Casa Blanca pasaba por alto todas las iniciativas de Moscú de reactivar el proceso de desarme nuclear. El Senado USA se negó a ratificar el Tratado START-2 y el Tratado de Prohibición Total de las Pruebas Nucleares, aunque el Parlamento ruso lo hizo.

Resulta evidente que en los próximos años, en el desarrollo de las relaciones ruso-norteamericanas va a ejercer una influencia sensible dos factores: el proceso de ampliación de la OTAN hacia el Este y los planes de Washington de desplegar el sistema nacional de defensa antimisiles.

Rusia se opone tajantemente a la ampliación de la OTAN, considerando que este proceso pone en peligro los intereses de su seguridad nacional y, de hecho, significa el retorno al período de “guerra fría”, cuando el continente europeo estuvo dividido en dos campos enfrentados entre sí. Nosotros rechazamos las pretensiones de la Alianza Atlántica de convertirse en la columna vertebral del nuevo sistema de la seguridad europea, considerando que tal función ha de corresponder únicamente a la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa.

Rusia también se pronuncia con firmeza contra los planes de Washington de crear el sistema nacional de defensa antimisiles. Es evidente que el despliegue sobre Norteamérica del “paraguas misilístico” desnaturalizaría el Tratado ABM de 1972 y destruiría el sistema de seguridad global que se vino articulando a lo largo de los últimos decenios, puesto que Rusia se vería obligada a adoptar las medidas de respuesta adecuadas.

Creo que entrando en el nuevo siglo no debemos olvidar las lecciones negativas de los últimos decenios del siglo XX y permitir que se vuelva “la guerra fría” o que ella sea sustituida por “la paz fría”. Partiendo de esa base, Rusia trata de realizar una política exterior congruente, abierta y predecible, orientada al alcance de nuestras metas mediante la colaboración constructiva y la interacción con los asociados extranjeros. Nosotros partimos de que hoy la comunidad internacional está ante tareas y desafíos globales, los cuales atañen en igual medida a los intereses de la seguridad y el bienestar de todos los Estados. Por ello nuestros esfuerzos en la arena internacional se dirigen por dos rutas complementarias; por una parte se trata de la defensa consecuente de nuestros intereses nacionales, y por la otra de la búsqueda de soluciones colectivas a los principales problemas internacionales.

* Embajador de Rusia en Nicaragua.  

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí