Mario Sandoval*
Los partidos liberal y conservador, desde los lejanos tiempos de la Independencia, han vivido en una constante confrontación, para ejercer el poder público, unas veces por las armas, y otras por los pactos. Carlos Cuadra Pasos, Emiliano Chamorro, Eduardo Conrado Vado, Diego Manuel Chamorro y Fernando Agüero, criticaron los pactos celebrados por sus antecesores, con los Somoza, y posteriormente ellos mismos los estaban celebrando. Todos ellos han sido grandes políticos, que han buscado el bienestar de la Patria, mediante los caminos civilizados del civismo, y no mediante la inútil guerra fratricida. Veámonos en el espejo de la guerra pasada, en que surgió una fuerza totalitaria, de triste y negro recuerdo, que nadie quiere que vuelvan.
Hoy que negros nubarrones se están formando en el cielo de nuestra Patria, por la amenaza de que vuelvan al poder, las dos fuerzas democráticas tradicionales, las dos paralelas históricas, liberales y conservadores deben unirse de nuevo, para poder impedir que las fuerzas representativas del Castro-Comunismo, marxista-leninista tomen de nuevo el poder, implantando el totalitarismo estalinista en nuestra Patria, aprovechando nuestras divisiones políticas, las libertades y progreso de que hoy gozamos, y que ellos nos negaron y destruyeron durante su nefasto gobierno dictatorial, y lo que hoy existe, quieren piñatearlo de nuevo. No permitamos liberales y conservadores, y fuerzas democráticas un nuevo Muro de Berlín, y que no vuelva la noche oscura que denunció ante el mundo nuestro querido Pontífice Juan Pablo II.
Los líderes democráticos deben de anteponer sus intereses personales, pensando en función de nación, de Patria, no dividiendo el voto democrático. El pueblo nicaragüense debe poner oídos sordos a los cantos de sirena, de seudo líderes democráticos, disfrazados con piel de ovejas, pues son y serán siempre Castro-Comunistas, marxista-leninistas, que hablan de una tercera vía, de una Gran Alianza, que no es más que una estrategia, marxista leninista, para dividir el voto democrático, y volver a implantar en Nicaragua, mediante el engaño, el régimen brutal estalinista, que nos impusieron en la década de los 80. De suceder esto, Dios no lo quiera, nuevamente vendría el éxodo indiscriminado, con la fuga del capital, de nuestros recursos humanos, y de la inversión extranjera, ya que los políticos no cambian nunca su ideología el que ha sido marxista leninista, como son, y lo han dicho ellos, jamás cambiarán su economía de Estado, por la economía de mercado; el principio fundamental del respeto irrestricto a la propiedad privada, sin su mentalidad ideológica comunista, que es producto del robo. Pero a la hora de enriquecerse ellos no tomaron en cuenta esto. Supresión de las libertades públicas, ya que no permiten la libertad de pensamiento, ni de prensa, derechos que otorga la democracia para criticar y reclamar a los gobiernos. Supresión de los partidos políticos y feroz persecución a sus líderes, y pueblo opositor indefenso. Nacionalización de los bancos privados; racionamiento alimenticio, de gasolina. Implantación de los temidos CDS, y del Estado Policía, para vigilar todos nuestros actos. Negación del Estado de Derecho, mediante tribunales controlados, que volverán a dictar sentencias absurdas, basadas en que la revolución es fuente de derecho. ¡Habráse visto disparate más grande, como figura jurídica del Derecho! Para evitar esta desgracia nacional, debemos unir el voto democrático, que es el único fusil con el cual los podemos detener y destruir para siempre.
*El autor es abogado y escritor.