A los burócratas les encantan las complicaciones

Bruce Bartlett*

WASHINGTON, (AIPE).- Una de las razones por las que es tan difícil instrumentar políticas económicas sensatas es porque los burócratas siempre prefieren soluciones complicadas, a pesar de que las sencillas tienden a ser las correctas. Esto se debe a varias razones, una de ellas es querer crear trabajo. Tienen el incentivo de complicarlo todo para inflar su importancia, a la vez que justificar más personal, horas extras y mayores sueldos.

La realidad es que casi siempre hay una solución sencilla, inclusive para los problemas más difíciles. Y esto es especialmente así en la política impositiva. Según la ley de Gresham (economista inglés, 1519-1579), la moneda mala expulsa de la circulación a la buena y, de la misma manera, las malas ideas en política impositiva tienden a desplazar a las buenas ideas.

La historia nos muestra multitud de casos de este tipo. Lo que sucede es que se aumentan las tasas impositivas para golpear a los ricos, pero entonces se recolecta poco debido a que no hay muchos ricos y éstos suelen ser expertos en evitar pagar impuestos. De tal manera que para aumentar los ingresos fiscales se termina más bien penalizando fuertemente a la clase media.

Una vez que se aumentan las tasas impositivas es políticamente muy difícil volverlas a reducir. Bajarle las tasas a los ricos se considera injusto, mientras que hacerlo a la clase media reduce mucho los ingresos fiscales. Esto, entonces, conduce a una complicadísima serie de excepciones, deducciones y exclusiones. Y el resultado es que terminamos con una colcha de retazos que no tiene sentido. Y para reducir el peso impositivo a niveles tolerables se requiere una inmensa inversión en tiempo y en estar constantemente haciendo cambios en nuestros asuntos sobre la base de las leyes impositivas.

Así vemos a gente comprando casas para deducir los intereses de su hipoteca, cuando en realidad preferirían alquilar. Mientras que con las empresas suele suceder lo contrario, al ofrecer las leyes de impuestos ventajas al arrendamiento de maquinarias sobre su compra. Y si multiplicamos ese tipo de decisiones para cubrir a toda la economía, encontramos desperdicios masivos, ineficiencia, malas e injustas inversiones, además de inmensas diferencias entre lo que pagan personas y empresas de ingresos similares.

Según el periodista David Broder, dos ex funcionarios republicanos del Congreso, Steve Hofman y Ed Kutler, están insistiendo en una propuesta de reintegro en base al superávit, en lugar de la reducción de las tasas impositivas del plan Bush. A la izquierda le encanta tal idea. Pero se trata de una mala idea tanto política como económica.

El problema de los reintegros es que no logran ningún impacto en los incentivos personales. Se trata de dinero extra que la gente lo gasta sin fomentar más trabajo, más ahorro ni más inversiones. Y las desventajas políticas son aún mayores. Como no están atados a ninguna actividad económica gravable se consideran derechos adquiridos y serían políticamente tan difíciles de reducir como el Seguro Social. Muchos gobiernos europeos tienen programas parecidos que llaman bono familiar. Es prácticamente imposible eliminar esos bonos. Los europeos avanzan a gravar el 100 por ciento de los ingresos de la gente, concediéndose grandes reintegros, por lo cual desaparecen tanto los incentivos como el crecimiento.

El presidente Bush parece comprender todo esto. Su plan puede que tenga algunos defectos, pero tiene la inmensa virtud de la simplicidad. Reduce el peso impositivo de una manera que fomenta la actividad económica y no crea nuevos derechos adquiridos. Por el contrario, las propuestas de Hofman y Kutler harían más daño que bien. ©

* Economista y académico del National Center for Policy Analysis (NCPA).  

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