Emergencias y desastres

Alvin Alaniz G.

A la luz de los trágicos saldos, producto del movimiento telúrico que tuvo su epicentro frente a las costas de nuestra hermana República de El Salvador, y tomando en cuenta las palabras del señor Presidente, Dr. Arnoldo Alemán Lacayo: “lo que le sucede a uno de los países de Centroamérica, nos afecta a todos”, nos debe hacer reflexionar sobre la imperante y urgente necesidad de organizar un aparato multisectorial en materia de emergencia ante desastres naturales, y por qué no, lograr o procurar al menos, que éste funcione coordinadamente con sus homólogos centroamericanos. Esto nos llevaría, a la postre, quizás a la creación de un Comité de Emergencia Centroamericano, el cual sería el responsable de elaborar y poner en marcha un adecuado plan logístico que nos lleve a enfrentar de la mejor manera posible las consecuencias de estos acontecimientos.

Nuestros países, altamente sísmicos por su ubicación geográfica, con innumerables experiencias, de las cuales debemos tomar lo positivo y negativo para estructurar nuestro plan de mitigación de desastres.

Se hace necesario que este comité de emergencia (para familiarizarnos con la estructura que contamos), esté compuesto por entidades médico-sociales que se encarguen de auxiliar a los seres humanos en pro de preservar la vida de los sobrevivientes, donde los médicos internistas, cirujanos, ortopedistas, pediatras, gineco-obstetras, personal de enfermería, etc., se den a la tarea de clasificar a los pacientes, identificándolos y canalizándolos para recibir las atenciones inmediatas o bien trasladarlos a otros centros de atención, según lo requieran; todo esto en coordinación con otras instituciones (militares por ejemplo).

Claro está, todo sería posible si nuestras autoridades tomaran conciencia de esta necesidad y destinaran recursos suficientes al Comité de Emergencia para que se llevaran a cabo cursos especiales de entrenamiento en los hospitales, Cruz Roja, de manera periódica a nivel nacional como con nuestros homólogos de la región; siendo sujetos a recibir este entrenamiento aquellas personas que estén anuentes a recibirla, unas ya organizadas como Defensa Civil, y otras que lo manifiesten públicamente y dispongan del tiempo para ello; donde indiscutiblemente han de ser considerados los médicos de las instituciones de salud pública y privada, paramédicos, cruzrojistas, cuerpo castrense (militares), organizaciones como Club de Leones, Club Rotario, Damas Voluntarias, entre otras.

Pero la atención no se limita a funciones curativas, sino también las preventivas, aprovechando al máximo los recursos humanos para evitar los brotes epidémicos post-desastre, pues no hay que dejar de lado que dadas nuestras características de poseer escasos medios de higiene, mala alimentación (endemia latinoamericana), nos hacen propicios para los brotes de casos con manifestaciones clínicas digestivas y respiratorias, que generalmente tienden a multiplicarse a la ocurrencia del desastre.

* El autor es Médico-Cirujano.  

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