El “espinoso” caso Espinosa

Federico Dueñas

¿Había necesidad realmente de que el Gobierno de Nicaragua entrara en fricciones diplomáticas con el nuevo gobierno de Vicente Fox Quesada por causa de un individuo que quiso pasarse de listo para burlar a la justicia azteca, valiéndose de supuestas ambiciosas amistades cercanas al Presidente Arnoldo Alemán para evadir la ley de México?

Aparentemente Oscar Espinosa Villarreal lo creyó así, ya que decidió buscar protección en un “paraíso ilegal” que le permitiera evadir la persecución de la justicia, yendo a Nicaragua. Así lo hizo en su momento el ex Presidente Carlos Salinas de Gortari, quien ahora reside tranquilo en Dublín, Irlanda. País que, curiosamente, no tiene convenio de extradición con México (por si “las moscas”).

¡Oscar Espinosa, definitivamente, no es una blanca palomita! Por algo se le persigue. ¡Por algo se escondió y huyó! Oscar alega, fútilmente, que el PDR, partido de oposición, le persigue por envidias y venganzas políticas, lo cual sea cierto o no, es independiente a que él tiene obligación de informar cabalmente a las autoridades del uso de los inagotables fondos que manejó de manera arbitraria en los distintos e importantes puestos políticos que ocupó durante los sexenios de Salinas y Zedillo.

Espinosa no sólo debe rendir cuentas a la Contraloría de la Nación y al actual gobierno perredista del Distrito Federal por 45 millones de dólares malversados, esto es sólo el final de un increíble, largo, fangoso camino de corrupción y abuso de poder.

Espinosa, efectivamente quebró a NAFINSA (la institución de préstamos estatal más importante del país) dejando una enorme e impagable deuda de veinte mil millones de pesos, donde otorgó préstamos a Adriana Salinas, a su esposo Luis Núñez, entre otros muchos más del círculo íntimo salinezco. Dio créditos a políticos inescrupulosos sin garantías de soporte, sabiendo que no se cancelarían, prestó dinero a discreción al Banco Unión, propiedad de Carlos Cabal Peniche, apodado “El banquero de Salinas” (Panchito Mayorga, amigos y familiares, son “niños de pecho” en sus robos y estafas al Bancafé, comparados con los abusos de Oscar y compinches), quien dicen aportó en 1993, 25 millones de dólares a la campaña presidencial de Zedillo, el que ahora se encuentra preso en Australia en proceso de extradición a México. Serios comentaristas políticos aztecas le atribuyen a Oscar una sustancial cuota de responsabilidad en el devastador descalabro económico del FOBAPROA, el que causo la crisis más aguda de los 71 años del priísmo, cuyo monto a la fecha supera los ciento cincuenta mil millones de dólares, y fue factor determinante para que el sexenio de Zedillo tuviera una gris e insustancial trayectoria hasta llegar a las elecciones presidenciales del dos de julio del 2000, en las que la ciudadanía harta de tanto y cínico saqueo priista a la nación, con su voto secreto diera el triunfo a Vicente Fox con la esperanza de un nuevo gobierno bajo un distinto partido político.

Oscar Espinosa tiene razón y temor de que se efectué su extradición a México, y creo tiene razón de temer por su integridad física si es remitido a México, pero creo que su temor no es a que sus opositores políticos le pongan a juicio en el banquillo de los acusados( su cinismo le protege). No, su pavor auténtico radica en que, él sabe perfectamente que sus antiguos compinches primero lo matan, antes que dejarlo hablar. Y esa, esa, es gente muy sensible y muy seria.

Al menos en El Chipote estás seguro. ¿No es así Oscarín?

* El autor es administrador de empresas.  

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