Juan Carlos Santa Cruz
La carencia de vivienda en nicaragua es un drama conocido por todos. No es una noticia que ocupe demasiado el tiempo de los estrategas del futuro,al menos desde la óptica socio familiar. Pero es un tema que casi nunca llega a luz pública como un factor de desestabilización familiar y social.Nos referimos al espacio físico de la convivencia.
El déficit de cientos de miles de viviendas no es una metáfora,sino,una cruda realidad.Basta mencionar,a manera de e¡emplo,dos escenarios aparentemente distintos,pero con irrefutables coincidencias con relación a disputas, fricciones y altercados de todo tipo en estrecha relación con el espacio físico de la vivienda.
Un primer escenario ubicado en un sector medio,que pudiera ser una de las tantas colonias que existen en Managua.En una vivienda vive una pareja con sus hijos. Luego estos crecen,conforman su pareja,y al no tener vivienda deciden vivir en la casa de uno de sus padres.
El primer obstáculo para su vida matrimonial es que la jefatura real del hogar seguirá en manos del papá o mamá del cónyuge.Las decisiones trascendentales de la casa no estarán en manos de la novel pareja.Un segundo motivo de preocupación girará alrededor de las preferencias de la mamá por su hijo,o la indiferencia por la nuera y viceversa,etc.
Luego vendrán los hijos y la incidencia de los abuelos en la conformación de su sistema de valores.En tanto que el espacio para las decisiones en los jóvenes padres seguirá en segundo o tercer plano.
La explicación es sencilla,una familia funciona como cualquier organización en donde existe alguien que ejerce el poder y define la forma de resolver los conflictos.El ejercicio autoritario del poder puede generar desavenencias entre las parejas y también provocar su ruptura.
Un segundo escenario se ubica en un asentamiento en donde el hacinamiento,las carencias de higiene y las enfermedades de todo tipo forman parte de un mismo ambiente.
Esta situación casi siempre va unida a un bajo nivel de instrucción y pobreza generalizada. Aquí no hay más espacio físico para los hijos que conforman parejas, es más, los jóvenes encuentran espacio en la calle y es ahí en donde hacen uso del derecho al esparcimiento.
Pronto constituirán parejas,unas de manera pública y otras sin autorización.El ejercicio del poder en el hogar por parte del padre,no es trascendente,lo primordial es la búsqueda de plástico negro y ripios para la nueva vivienda,y el espacio físico en donde ubicarla será otra aventura a sortear.
En estas condiciones de precariedad aparecerán múltiples factores que agravarán las cosas, madres jóvenes, casi niñas que pronto serán abandonadas, y que por necesidad conformarán nueva pareja,y surgirán fricciones de sus hijos con padrastros,violencia doméstica, trabajo infantil y hasta prostitución por falta de orientación.
Los dos escenarios mencionados tienen elementos comunes, como la carencia de vivienda, los problemas de autodeterminación de las parejas,la dificultad para imprimir un sello propio en la educación de los hijos,las fricciones y altercados entre parejas relacionados con la precariedad del espacio físico y de la calidad de condiciones materiales de existencia.
Por eso creemos que la vivienda digna tiene que ver con la convivencia familiar y la paz social,y que los hijos son los que más sufren este flagelo.
El autor es sociólogo.