El compromiso de don Enrique

Mario Alfaro Alvarado

Eligió el liberalismo arnoldista a su candidato presidencial. La escogencia de don Enrique exhibe ante la nación el vivo contraste entre la calidad de un candidato probo y las credenciales de un partido contaminado por la corrupción que inspira poca confianza en los electorales.

Las chinampas y los checazos son los símbolos distintivos de este gobierno. La deshonestidad en la administración pública no es mera suposición de la opinión nacional, es un hecho que se comprueba en todas partes porque afecta la vida cotidiana de la población.

Dejar las alcaldías sin un bolígrafo y con severos compromisos económicos, es algo similar a lo que hacen los ejércitos derrotados, que todo lo destruyen para no dejar nada útil al enemigo que avanza. ¿Quién es en este caso el enemigo? ¿los alcaldes que ganaron limpiamente? ¿o es el pueblo de Nicaragua, que ha de pagar los daños y el saqueo?

Francisco De Sanctis, en 1977 advirtió ante el Parlamento italiano: “Una mayoría pierde todo prestigio cuando en el país se forma la opinión de que dentro de ella se encuentran traficantes sin escrúpulos, cazadores de empleos y honores… Si esta opinión se convierte en persuasión general, derroca a ministros y partidos…”.

Es lo que le pasó al último Somoza, que terminó huyendo en la madrugada. Y es lo que inspiró el lema “Después de Somoza cualquier cosa”. Y esa “cualquier cosa”, si bien castigó a algunos responsables de los crímenes del somocismo, castigó con más severidad a las víctimas de la dictadura.

Hasta el momento los partidos políticos no han demostrado disposición para enfrentar la realidad nacional. Recorrer los mismos caminos en busca de ventajas políticas, de curules y cargos públicos, no es la mejor divisa para que la fuerza votante mayoritaria confíe en ellos.

Después de una elección transparente en el PLC se ve una pequeña luz al final del túnel: la gente tiene la opción de buscar a las personas en que pueda confiar sin tomar en cuenta el partido al que pertenecen. Las cualidades personales, las virtudes ciudadanas, la trayectoria honrada de sus vidas bien acreditada ante la sociedad, son excelentes parámetros para tasar las aptitudes de los candidatos y tomar opción por el que mejor responda a la demanda nacional de prosperidad, honestidad y libertad.

El pueblo espera que la elección del domingo 14, no sea fachada para ocultar una jugada política embustera con propósitos malsanos. Todo se derrumbaría porque el pueblo descubriría a tiempo el engaño. Las próximas elecciones del PLC deben ser igualmente limpias, como igualmente limpios deben ser los candidatos elegidos.

El voto de noviembre ha de ser consciente y espontáneo. Si las otras fuerzas políticas no atinan a ofrecer una opción solucionadora, el liberalismo depurado de sus execrables elementos, podría ofrecer una opción que convenza y gane la confianza de los electores. Nicaragua demanda soluciones globales por encima de partidos y partidismos, para reconstruir moralmente al país; paso necesario hacia el establecimiento de una democracia que genere seguridad, prosperidad y libertad.

Esta sería la última oportunidad para que el liberalismo demuestre que todavía tiene vigencia histórica en Nicaragua. No aportar nada al cambio que el país necesita e impedir que alguien lo intente, persuadirá al pueblo nicaragüense que ha llegado el momento de “derrocar a ministros y partidos”. En la historia nadie detiene lo inevitable y siempre ocurre lo que la opinión mayoritaria de un pueblo desea que ocurra.

La candidatura de don Enrique es una chispa de esperanza para los que creen en la democratización del PLC y para los que esperan un genuino proceso democratizador en Nicaragua, es también la oportunidad histórica de colmar ese anhelo popular.

Muchos critican su vicepresidencia “por no condenar la corrupción”. Hizo algo mejor y prometiente, redactó un Plan Nacional de Integridad, en el cual se establece un marco conceptual y legal para combatir la corrupción. La segunda parte, la ejecución de ese Plan, la realizará desde la Presidencia de la República, porque es el compromiso de don Enrique con el pueblo de Nicaragua.

* El autor es periodista.  

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