- Debemos ser generosos con nuestros padres, esposa, hijos, hermanos, familia y amigos. Ofrecer nuestra generosidad sin esperanza de gratitud alguna, pues entonces no somos generosos, ya que fingimos generosidad para conseguir algo en beneficio propio
Mario Sandoval Aranda
Todos los seres humanos nacemos con el Don de la Generosidad, dado por Dios. Pero víctimas del medio ambiente en que vivimos perdemos este precioso don. Generoso viene del Latín, Generosus ¡Liberal, de noble corazón!. La Generosidad es la virtud de las grandes almas, según el Diccionario.
Los seres que practican este don tienen la vida tranquila, porque tienen la satisfacción de haber llevado alivio y esperanza a otros seres carentes de ayuda en sus tribulaciones. Debemos ser generosos con nuestra Patria, ofrendando si es necesario nuestra vida, en defensa de su soberanía, o de nuestros ideales; debemos ser generosos con nuestros padres, esposa, hijos, hermanos, familia y amigos. Ofrecer nuestra generosidad sin esperanza de gratitud alguna, pues entonces no somos generosos, somos hipócritas, falsos, mentirosos, ya que fingimos generosidad para conseguir algo en beneficio propio.
Los funcionarios del gobierno, deben ser generosos con los que solicitan servicios, tratando de solucionarles con prontitud sus peticiones, orientándolos en sus gestiones. Los Honorables Magistrados, Jueces, Secretarios y demás servidores del Poder Judicial deben ser generosos con todos los que demandan y claman justicia, no dando fallos injustos a su nombre, sino diligenciando de acuerdo a la Ley, la tramitación de los juicios, dando oportunidad a las partes para la validez de sus pruebas, y no haya indefensión que lesione irreparablemente sus derechos. Deben ser generosos al dictar la ansiada sentencia por las partes litigantes, dictando una sentencia ajustada a derecho, basada en considerandos bien esclarecidos para que en los Por Tanto, no quede la menor duda de su diáfana transparencia, siendo garantes de la restitución de sus derechos y confianzas en la justicia.
La Iglesia Católica siempre ha sido generosa en su noble cruzada evangelizadora enseñando la sublime doctrina de Jesucristo de amor al prójimo, quien siendo el Máximo Exponente de la Generosidad en su paso por el mundo, en las pedregosas tierras de Galilea, dio infinitas muestras de generosidad al resucitar a Lázaro. Generoso, cuando devolvió la felicidad a Jairo y su familia, dando de nuevo la vida a su hija, con sólo decirle: “Kalitá Cum”, que significa: “Óyeme, niña levántate”. Y generoso, cuando curó de cuerpo y alma a tanto enfermo.
Ahora que estamos iniciando el Siglo XXI, y el III Milenio, es oportuno hacer reflexión de nuestros actos y proyectarnos al futuro, luchando por la paz, la Justicia Social, el progreso de nuestra Patria y la exaltación moral de sus valores humanos. Debemos ser solidarios con los que sufren la injusticia, porque cuando se niega la Justicia, los pueblos viven sin esperanzas.
Abogado y Escritor
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